Faltan exactamente 100 días para que E. y yo salgamos en busca de aventuras. Hace tiempo no creía en las fechas marcadas en el calendario, los días que supuestamente deben ser especiales por alguna razón como los cumpleaños, los aniversarios, los 100 días para salir de viaje… Con el tiempo me di cuenta que no necesariamente tenían que ser especiales. Pero a la vez, también es cierto que nosotros podemos convertirlos en todo lo especiales que queramos. Porque descubrí que es importante encontrar la forma de celebrar sea cual sea la circunstancia que lo merezca. Todas esas fechas en el calendario, por muy insignificantes que parezcan, merecen ser celebradas. Merece la pena sentirse agradecido, merece la pena buscar excusas para celebrarlo todo.

Así que a falta de 100 días para salir de viaje quiero celebrarlo. No vamos a hacer una gran fiesta, ni voy a salir a la calle con bombo y platillo para anunciarlo. En cambio lo celebro sentándome a escribir, a reflexionar sobre lo que ya hemos vivido y lo que aún nos queda por vivir. 

Miro hacia atrás y me doy cuenta de que desde hace tiempo que hay dos personas que conviven dentro de mi de una forma bastante caótica. Maite, la que va a dar clases todos los días algunos con más ganas que otros y la que se deja el alma en cada clase, intentando entregar lo mejor de sí. A esa Maite le gusta imaginarse quiénes serán sus alumnos en el futuro, le gusta creer que algo de lo que les dice no se les olvidará jamás y le gusta pensar que a través de pequeños gestos puede cambiar el mundo que la rodea. Esa Maite se ha acostumbrado a dormir en una cama cómoda, a poder ir a cenar a algún restaurante de vez en cuando y poder pagar las entradas al cine o al teatro. Esa Maite se ha asentado un poco, se ha acostumbrado a las comodidades de la vida estable.

Maite la que escribe este blog es otra. Ésta se ríe de la otra cuando enseña los condicionales y escribe en la pizarra “If I had enough money, I would travel around the world” (Si tuviera suficiente dinero, viajaría alrededor del mundo). Já. ¿Pero qué dices? Si te vas a recorrer el mundo en unos meses y no es que tengas lo que se considera “suficiente dinero”. Ésta es la que saldría a la calle con un cartel, con música y gritaría por las calles que está enamorada y que ella y su compañero de aventuras se van a recorrer el mundo. Así, a lo loco. Ésta Maite se pasa horas haciendo la mochila, diseñando el blog, con ganas de transitar caminos desiertos y conocer gente de todas partes, con poco apego a las cosas y a las comodidades y con las alas puestas para salir volando. 

Sé que ninguna de las dos está mal. Es más, sé que tengo que ser esas dos personas. Y hoy, a falta de 100 días para que las dos Maites se junten en una sola, las acerco un poco para celebrar. Preparo regalos para despedirme de mis alumnos a los que echaré tanto de menos que no quiero ni imaginarlo. Pienso en mis amigas, las que están aquí y no veo tanto. Las que están allá y volveré a ver. Pienso en mi hermana que es mi amiga por excelencia, no sé aún cómo voy a sobrevivir sin verla. Pienso en mis padres, que lo han dado todo para que yo haya sido libre para que haya podido recorrer el camino hasta este momento. Porque si dentro de 100 días prepararé las alas para salir a volar es porque ellos me han permitido y animado a que fuera libre, a que pensara por mi misma, a que eligiera el camino que creía correcto. 

A 100 días de salir tengo que celebrar lo afortunada que soy de poder elegir mi camino y, especialmente, de poder compartirlo con mi compañero de aventuras. 

Sólo me queda por decir gracias, muchas gracias.