Nos despedimos de Buenos Aires por segunda vez el día 4 de octubre. Después de muchas emociones fuertes, nos fuimos a disfrutar de un corto pero intenso viaje en la costa de Uruguay. Y, de paso, cruzamos nuestra primera frontera.

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Llegamos a Puerto Madero desde donde saldría el ferry cargados con las mochilas, cansados por habernos levantado temprano y con unas enormes ganas de cruzar a Uruguay. Ahí nos encontramos con Estefi y Eze, que se habían casado hacía un par de días y con quienes nos disponíamos a compartir su pseudo-luna de miel (en las semanas siguientes viajarían para instalarse en Nueva Zelanda donde tuvieron su luna de miel real).

Nos subimos al ferry. Estábamos todos ya más relajados y nos pusimos a conversar, así que casi sin darnos cuenta se pasó la hora que dura el viaje (son apenas 50 km de recorrido). Llegamos a Colonia del Sacramento y pisamos por primera vez la costa de Uruguay. Nos instalamos en el hostel que habíamos reservado y nos fuimos a pasear por el lugar.   

La ciudad tiene un bonito paseo junto a la costanera, desde el que se puede disfrutar de las hermosas vistas del Río de la Plata. Pasamos por delante de la antigua estación de ferrocarriles que data del año 1901 y que se encuentra en desuso (la ciudad posee un museo dedicado al ferrocarril para los interesados en el tema).

Colonia del Sacramento. Antigua estación de ferrocarril

Siendo una posición estratégica en el Río de la Plata, el dominio sobre Colonia del Sacramento fue durante un par de siglos (desde finales del siglo XVII hasta principios del XIX) motivo de disputa entre portugueses y españoles. En numerosas ocasiones pasó de unas manos a otras. Debido a esto, en Colonia podemos encontrar construcciones de estilo colonial portugués junto a viviendas de estilo español. Entre estas construcciones se encuentra el Bastión de San Miguel, una parte de la muralla que rodeaba a la ciudad y que es ahora la entrada al Casco Antiguo (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO). Se accede a través de la puerta de la ciudadela que conserva aún su puente levadizo.

Sobresale por encima de la ciudad el faro, construido sobre las ruinas de la torre del antiguo Convento de San Francisco Javier. Es posible visitarlo subiendo los 118 escalones para contemplar la panorámica de la ciudad y de sus playas (cuesta $UYU25). 

Faro en Colonia del Sacramento

Más allá del interés histórico de las construcciones y de la ciudad en sí, Colonia tiene un encanto particular. Caminamos por sus calles empedradas como la pintoresca Calle de los Suspiros -uno de los principales atractivos turísticos por haber sido escenario de muchas películas de época. Algunas de las casas se encontraban bien cuidadas y otras con un abandono moderado. Las calles empedradas. Las flores y las plantas exuberantes. Los carteles afuera de los negocios eran adorables e ingeniosos.

Calles empedradas en Colonia del Sacramento

cervezas más frías que el corazón de tu ex

Aquí cervezas más frías que el corazón de tu ex

Entrada la tarde fuimos a tomar mate hasta el muelle antiguo, uno de los lugares que más nos gustó de la ciudad. Además, tiene unas hermosas vistas al teatro Bastión del Carmen. Desde aquí vimos por primera vez en el viaje un lobito de mar, que andaba jugando entre los botes y lanchas amarrados. Este muelle es uno de lo mejores lugares donde disfrutar del atardecer en Colonia.

Atardecer desde el muelle

Para terminar el primer día de viaje Estefi y Ezequiel nos llevaron a cenar a un lugar que ellos ya habían visitado antes: La Bodeguita. Además de cenar unas pizzas riquísimas, el lugar cuenta con una hermosa decoración, buenas vistas de la costa desde la terraza especialmente y una buena relación calidad-precio. 

 

   Datos útiles
   · Hay varias compañías en las que cruzar de Buenos Aires a Uruguay: Buquebus, Seacat, Colonia Express y Cacchiola.
   · El ferry de Buenos Aires a Colonia del Sacramento costó: $UYU1020 (34€)
   · El autobús de Colonia del Sacramento a Montevideo costó: $UYU354 (12€)
   · Precio del hostel en Colonia del Sacramento: $UYU425 (por persona y noche en temporada baja) (14€)
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Alojamiento, comida y rambla

Al día siguiente partimos dirección Montevideo en ómnibus. En dos horas y media recorrimos la distancia que nos separaba de la capital uruguaya. Al salir de la terminal de Tres Cruces comenzamos a buscar cuál sería el mejor medio de transporte para acercarnos a la zona donde había algún hostel. Apenas nos pusimos a mirar el mapa, la gente que estaba sentada esperando el autobús comenzó a acercarse a nosotros para saber cómo podían ayudarnos. Después de escuchar a varias personas, nos dimos cuenta que por el mismo precio que ir en autobús podíamos viajar en taxi. Incluso entonces, un hombre que estaba pidiendo en la calle sin perder el tiempo corrió a parar uno y nos ayudó a subir las mochilas. Nuestra sorpresa fue enorme. 

Tras recorrer un par de hostels, nos quedamos en el Blanes Hostel. Un lugar bastante céntrico, que tenía una hermosa vidriera en el techo y donde nos trataron muy bien. Una vez instalados, lo primero que hicimos fue ir a comer el plato más típico uruguayo: un chivito. A pesar de su nombre que nos hizo creer que comeríamos carne de cabra, el chivito consiste en un bocadillo de carne de ternera. Además de la ternera suele llevar otros ingredientes como jamón, huevo, lechuga, tomate y mayonesa.

Con el estómago lleno, nos fuimos a dar un paseo por la rambla de Montevideo, declarada Monumento Histórico de la Ciudad. La Rambla es una avenida de más de 22 km de largo que bordea la costa del Río de la Plata. Recorrimos sus playas y parques. Es un buen lugar para pasear, hacer deporte, practicar pesca deportiva o simplemente disfrutar de un bonito atardecer tomando mate en buena compañía.

Atardecer desde la Rambla de Montevideo

Centro Histórico

El segundo día hicimos un Free Walking Tour para recorrer el centro histórico de la ciudad. El recorrido comenzaba en la Plaza de la Independencia, que hace de separación entre la ciudad vieja y la zona centro o ciudad nueva. En el centro y bajo la misma se encuentra el mausoleo del general Artigas, personaje histórico del país. En una de las esquinas de la plaza se levantó uno de los edificios más representativos de la ciudad: el Palacio Salvo. Fue diseñado por Mario Palanti, un arquitecto italiano que diseñó también el Palacio Barolo en Buenos Aires. Su fachada, al igual que la del Palacio Barolo, es una alegoría a la divina comedia de Dante. Fue inaugurado en 1928 y durante un tiempo fue el segundo edificio más alto de Sudamérica con sus 95 metros de altura. 

Palacio Salvo, Montevideo

Palacio Salvo, Montevideo

Continuamos la visita atravesando la Puerta de la Ciudadela, que antiguamente era el acceso a la Ciudad Vieja a través de un puente levadizo. Hoy en día la conecta con el centro de la ciudad. En la Puerta se observa que hay un hueco tapiado. Antiguamente había colocada en él una virgen católica que al instaurarse el Estado Laico se quitó como forma de respeto hacia el resto de las religiones. Después caminamos hasta el Teatro Solís, cuyo proyecto comenzó a idearse a partir de 1840. Recién se inaugura en 1856 y es a partir de ese momento cuando la farola que se encuentra en la parte superior del edificio, en la zona central, comenzó a encenderse para avisar cuando la función está a punto de comenzar. 

Puerta de la Ciudadela

Puerta de la Ciudadela

Visitamos también la Plaza de la Constitución o Matriz, llamada así porque es ahí donde se encuentra la Iglesia Matriz. Durante un tiempo funcionó como el espacio público por excelencia. Tras la independencia fue perdiendo importancia, se modificaron sus usos y su significado. Sin embargo, continúa manteniendo el carácter de plaza Mayor colonial. Por último fuimos al Mercado. Su estructura de hierro es muy semejante a la de una antigua estación de ferrocarril. Actualmente no funciona como mercado, sino que es un centro dedicado a la gastronomía donde se puede comer rico asado uruguayo y empanadas caseras. 

Una de las cosas más curiosas que aprendimos durante la visita fue el origen del nombre de la ciudad. ¿Por qué Montevideo se llama así? Los navegantes cuando entraban por el Río de la Plata, a modo de hito geográfico para localizar la ciudad debían contar seis montes desde el Este hacia el Oeste. En el último se encontraba la ciudad. Así quedó: MONTE-VI(sexto)-De-Este-a-Oeste.

Tras el Free Walking Tour nos fuimos a la Rambla a tomar unos mates y disfrutar del atardecer.

Disfrutando del atardecer

Aves en el atardecer

Mientras tanto aprovechamos para charlar sobre cómo organizaríamos la siguiente parte del trayecto. Como Estefi y Eze tenían que regresar a Buenos Aires en unos pocos días, nos decidimos a alquilar un auto. A pesar de que no era la opción más económica, siendo cuatro salía bastante rentable. Además, nos permitiría ir parando siempre que quisiéramos a lo largo de la costa de Uruguay. Así es que con nuestro pequeño VW Golf, un sándwich gigante de milanesa, el termo lleno, la lluvia en el parabrisas y muchas ganas de recorrer, salimos de Montevideo por la rambla en dirección a Punta Ballena.

 

   Datos útiles
   · El precio total del alquiler del auto fue: US$128 (con entrega y devolución en Montevideo)
   · Precio del hostel en Montevideo: $UYU390 (por persona y noche) (13€)
   · Los horarios del Free Walking Tour son de lunes a viernes: 11.00 y sábados: 14.00 en la Plaza Independencia
   · Para disfrutar del atardecer, uno de los mejores lugares es Punta Carretas. 
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Casa Pueblo y Punta del Este

Recorrimos los 118 kilómetros que separan Montevideo de Punta Ballena por la carretera de la costa (Ruta Interbalnearia). A pesar de la lluvia constante, fuimos haciendo paradas para disfrutar de las vistas de distintas playas. A media tarde llegamos a destino. La lluvia nos dio un respiro e incluso el sol comenzó a asomar tímidamente entre la nubes. Nos bajamos del coche para explorar. Allí, en el acantilado de la cara Este de Punta Ballena se alza blanca, casi deslizándose por la abrupta pendiente hasta tocar el mar, Casa Pueblo.

Casa Pueblo en Punta Ballena

Casa Pueblo es el nombre que el artista uruguayo Carlos Paez Vilaró le dio a la casa-museo y hotel que construyó a lo largo de más de 36 años. Funcionó primero como su taller y casa de veraneo. Más adelante terminó convirtiéndolo en su hogar permanente. Es posible visitar la casa-museo, aunque gran parte del edificio forma ahora parte del hotel. Dentro se expone parte de su obra plástica, se puede ver un video de su biografía o visitar su taller.

Obra plástica de Carlos Paéz Vilaró

Además, hay una parte de la exposición que está dedicada a lo que le sucedió a su hijo, uno de los supervivientes del accidente aéreo ocurrido en la Cordillera de los Andes. Fue algo que nos sorprendió mucho e impactó. Paez Vilaró luchó enérgicamente para que no se diera por perdida la operación de búsqueda y salvamento. En la exposición se relatan los días de angustia vividos hasta el encuentro de los supervivientes. Se exhiben varios recortes de periódicos de la época que relataron los hechos. Incluso hay una carta que el hijo le escribió mientras estaba atrapado en los Andes, sin saber si volverían a verse alguna vez. Muy emotivo y muy duro. 

Por si esto fuera poco, existe también la posibilidad de sentarse a tomar un café en la cafetería. O simplemente maravillarse con las vistas que ofrecen sus múltiples terrazas. Es en ellas que desde 1994 se realiza la Ceremonia del Sol, en la que suena una grabación de Paez Vilaró recitando un poema para despedir al sol. 

Nos dirigimos a la cercana Punta del Este, famosa por ser destino vacacional de personajes famosos uruguayos y argentinos. Se nota en sus hoteles, chalets y mansiones sobre la playa que el poder adquisitivo de la gente que veranea aquí es muy alto. Aunque al no ser aún temporada de verano estaba todo bastante desangelado, con escaso movimiento en las calles y los comercios. Pero allá fuimos: nos compramos unas ricas facturas (bollería), cargamos el termo para el mate y bajamos a la costanera a disfrutar del hermoso atardecer.

Atardecer en Punta del Este

Observamos como el sol se perdía en el horizonte cerquita de la isla Gorriti. Mientras, unos pescadores apuraban los últimos rayos de sol para ver si atrapaban lo último del día.

Pescadores al atardecer, Punta del Este

La odisea para poder dormir

El sol se fue, pero nosotros estábamos allá y aún no sabíamos dónde pasar la noche. Estando en Punta del Este, desechamos instantáneamente la idea de buscar un hostel. Decidimos cruzar a la cercana La Barra (por un ondulante y divertido puente) a probar suerte. Encontramos algún cartel que indicaba la existencia de algunos hostels, pero ninguno estaba abierto. Empezó a oscurecer y pronto se hizo de noche. Necesitábamos encontrar algo cuanto antes. Paramos en una posada, y sólo con enseñarnos las magníficas habitaciones que tenía supimos que no podríamos permitírnoslo. 

Dimos por perdida la opción del hostel. Siguiente opción: buscar un camping. Las maravillas de la tecnología nos permitieron en seguida localizar dos camping muy cercanos. Llegamos al primero, la valla cerrada. E. bajó para comprobar si había alguien. Abrió la tranquera con la intención de acercarse a la caseta a preguntar. Apenas cruzó el límite, y estando iluminado únicamente por los faros del auto, aparecieron en la distancia dos enormes perros que corrían ladrando en su dirección. No veáis qué manera de correr. Aprende Usain Bolt.

Vamos al siguiente camping. Llegamos y parecía que la puerta estaba abierta así que nos aventuramos a meternos con el auto, ya precavidos ante la posible aparición de algún otro perro con mala uva. Salió a recibirnos un hombre que estaba claramente desconcertado. Nos preguntó qué buscábamos. Le dijimos que un lugar para acampar. Entonces nos explicó. ¡Nos habíamos metido en un camping exclusivo para militares!

No nos quedaban muchas opciones por barajar a estas alturas. Decidimos localizar un lugar donde poder tirar la carpa para pasar la noche. Nos metimos entre los caminos que llevaban a la playa rodeados de enormes casas con vistas al mar, pero siendo de noche y sin hacer escándalo podíamos pasar desapercibidos. Así que localizamos un hueco por el que meter el auto a la playa y allí plantamos nuestro campamento improvisado. Nos preparamos una sopa calentita y unos ricos sándwiches y disfrutamos un rato de la hermosa noche estrellada que había. No se veía ni una nube.

Entonces, comenzaron a verse unos destellos en el horizonte.

-Seguro que son luces de alguna discoteca -decían Maite y Estefi.

-A mí me parecen rayos -contestó Erlantz, bastante convencido.

-Pero ¿qué dices? ¡Si el cielo está completamente despejado! Eso son luces de alguna fiesta en Punta del Este -volvieron a decir Maite y Estefi.

-Es una tormenta eléctrica- continuó insistiendo Erlantz.

Erlantz no convenció a ninguna de las dos. Entonces, de un momento a otro el cielo se cubrió por completo y comenzó a diluviar. Afortunadamente, con el tiempo justo para poder recoger todo, meternos en la carpa y dormir plácidamente.

Se acerca la tormenta  

En la mañana temprano nos despertamos, el cielo nos dio un respiro y pudimos prepararnos un improvisado desayuno antes de levantar el campamento. No bien terminamos de recoger todo y meternos en el auto volvió a llover, por los pelos. Y así, retomamos la ruta en dirección a Punta del Diablo.

 

   Datos útiles
   · La entrada a la casa-museo Casa Pueblo cuesta $UYU240 por persona.
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A lo largo de la costa de Uruguay  existen numerosos pueblos costeros de interés turístico. A pesar de que nuestro destino para pasar la noche era Punta del Diablo, no quisimos dejar de hacerles una pequeña visita.

El primero de ellos en el que paramos fue La Paloma. Situada sobre el cabo Santa María, su blanco faro sobresale sobre el resto de las edificaciones. Es una localidad balneario y cuenta con mas de 15 km de playas, así que no es de extrañar que sea un lugar muy visitado por veraneantes y turistas, sobre todo durante el periodo estival, en el que su población llega a pasar de los 3.500 a casi 30.000 habitantes. Pudimos dar un pequeño paseo por una de sus playas antes de continuar camino.

La Paloma

La siguiente parada fue La Pedrera. Es una pequeña localidad turística. Construida sobre un promontorio que da al mar y flanqueada por dos hermosas playas. Es un buen lugar para hacer avistamiento de aves y de cetáceos como la ballena franca austral. En una de sus playas se encuentran varados en la arena los restos de un barco chino, de nombre Cathay, que naufragó en 1977 y que da nombre a la playa. Cuando llegamos, al no estar en temporada de verano, la mayoría de los negocios y locales estaban cerrados pero se podía intuir la bulliciosa vida que posee durante los meses más calurosos.

La Pedrera

Llegamos a Punta del Diablo hacia el mediodía. No tardamos en localizar un hostel que disponía de unas bonitas cabañas. El día continuaba gris pero la lluvia había cesado. Hablamos con el dueño del hostel, que nos recomendó que visitáramos el Parque Nacional de Santa Teresa, que se encuentra a pocos kilómetros.

paseando por la reserva

El parque se puede recorrer a pie pero, debido a su extensión (casi 3000 hectáreas), lo ideal es hacerlo en auto. En la zona central existen varios complejos dedicados a la flora y fauna, con senderos que dan al pantano. También dispone de zonas de acampada, picnic, cabañas y servicios en general. En la zona que da a la costa hay diferentes cabos con bonitos miradores y cuatro playas entre estos.

Reserva Santa Teresa

En el mismo parque existe una fortificación de origen portugués, que da nombre a la reserva y que actualmente funciona como museo. A nosotros se nos hizo tarde para acceder al museo pero pudimos contemplar un bonito atardecer junto a la fortaleza.

Fortaleza Santa Teresa

Regresamos entrada la noche a Punta del Diablo, pero aún nos dio tiempo para ir a comprar algo de carne. Gracias al viento que había esa noche Ezequiel y Estefi acabaron ahumados. Pero eso sí, prepararon un asado que estaba delicioso. Cenamos, charlamos y nos fuimos a descansar porque al día siguiente continuábamos camino. Esta vez el destino era La Reserva Natural del Cabo Polonio.

 

   Datos útiles
   · Se puede acceder a la Reserva de Santa Teresa en cualquier momento del día y de forma gratuita. Dentro se puede acampar y también hay otras opciones de alojamiento. Puedes encontrar información sobre la Reserva aquí
   · La entrada a la fortaleza Santa Teresa cuesta $UYU40. Horario invierno: viernes, sábado y domingo de 10.00 a 17.00 hs. Horario de verano: todos los días de 09.00 a 19.00 hs.
   · Precio del hostel en Punta del Diablo: $UYU350 (por persona y noche en temporada baja).
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Nos quedaban dos días para seguir recorriendo la costa de Uruguay pero decidimos pasarlos íntegramente en el Parque Nacional Cabo Polonio. Acertamos con la decisión. Y disfrutamos de dos días de relax y tranquilidad en un entorno realmente privilegiado.

Para llegar al parque existen dos posibilidades, ya que el acceso en vehículo propio está prohibido.

  1. Existe un centro de interpretación que es la entrada oficial a Cabo Polonio. Hasta allí se puede acceder en transporte público o, como en nuestro caso, dejar aparcado el auto ahí mismo (en el estacionamiento cobran por día). Una vez en el centro de interpretación se puede llegar hasta la población de Cabo Polonio a pie, recorriendo los 7 kilómetros que los separan del centro de interpretación, atravesando bosques, dunas y finalmente la playa. O bien tomando uno de los camiones 4×4. Nosotros elegimos la segunda opción, ya que íbamos cargados con las mochilas y teníamos poco tiempo. Además, tiene la posibilidad de ir en la parte superior del vehículo con unas impresionantes vistas panorámicas durante la media hora que dura el trayecto.
  2. También se puede acceder desde la vecina localidad de Barra de Valizas, llegando hasta allí en transporte público o en auto, que se puede dejar aparcado gratuitamente. Desde allí la única manera de llegar es caminando entre dunas a lo largo de 8 a 10 kilómetros, dependiendo si se atraviesan las dunas en línea recta o se bordea el mar. Es un hermoso recorrido que requiere cierta condición física dado que transcurre atravesando dunas de hasta 30 metros de altura. También realizamos este recorrido pero esa es otra historia que ya os contaremos.

acceso a Cabo Polonio

Camino a Cabo Polonio en la parte de arriba del 4×4

playa en Cabo Polonio

En el 4×4 por la playa, llegando a Cabo Polonio.

Llegamos a Cabo Polonio con muchas ganas tras el emocionante recorrido en el camión. Lo primero que necesitábamos era encontrar un lugar donde pasar las dos noches que nos quedaríamos. En el parque está prohibida la acampada, pero existe la posibilidad de alojarse en uno de los diferentes hostels con los que cuenta la localidad. Así que, como si de un comando se tratase: yo me quedé cuidando las mochilas, mientras el resto de dividió para buscar y comparar los pocos hostels que había. No tardamos mucho en encontrarlo. Una vez dejamos las mochilas fuimos a recorrer el lugar.

Cabo Polonio es un localidad pequeña, los pocos que viven allí todo el año se dedican principalmente a la pesca, la artesanía o son los responsables del faro. La población aumenta durante el verano, es por eso que había muchas casas vacías cuando llegamos. Hay que tener en cuenta cuando se viene a Cabo Polonio que las viviendas no cuentan con energía eléctrica, exceptuando las que posean generador propio. Tampoco hay alumbrado en las calles. Esto es una de las características propias del lugar y que permite, en las noches despejadas, apreciar el cielo nocturno como en pocos lugares de la costa de Uruguay.

El Cabo ofrece la posibilidad de realizar diferentes rutas por la zona, que varían en dificultad y recorrido. Algunas son largas como la que recorre la dunas y otras más cortas como la que bordea el faro y donde se encuentra la mayor lobería de la costa de Uruguay. Bajo el faro y sobre las islas que se encuentran frente a él toman el sol y descansan los lobos marinos para nuestro disfrute. 

lobos marinos

lobito

Nosotros aprovechamos el tiempo principalmente en pasear por las playas,

paseos en Cabo Polonio

hacer un picnic entre las dunas, tomar mate mirando al mar y disfrutar de los atardeceres que nos brindó el lugar.

atardecer en Cabo Polonio

Existe la opción de visitar y subir al faro para contemplar el atardecer con una mejor perspectiva.

 

Además, como las calles y los hostel no tienen luz eléctrica, nos regíamos por las horas de luz solar. Incluso cenando a la luz de velas, lo que añadía al lugar una mística especial.

Es por estos motivos y por lo bello del lugar y del entorno, que Cabo Polonio es un lugar que invita a la relajación. 

 

   Datos útiles
   · En caso de llegar con vehículo propio, el precio del estacionamiento es: $UYU190 (por día y auto)  (6€)
   · Precio del acceso hasta Cabo Polonio en 4×4: $UYU200 (por persona, ida y vuelta) (6,5€)
   · Aunque hay unos horarios prefijados, suelen salir más camiones 4×4 si hay suficientes personas para llenarlos. 
   · Precio para ingresar al faro: $UYU25 (1€)
   · Precio del hostel en Cabo Polonio: $UYU350 (por persona y noche)  (12€)
   · Si se accede desde Barra de Valizas, tener en cuenta que hay que cruzar el río. Para hacerlo hay una lancha que cruza cada rato: $UYU50 por persona (1,5€)

 

GASTOS: siete días por la costa de Uruguay (para dos personas)

Concepto Pesos uruguayos ($UYU) Euros (€)
Comida 4107 136,9
Alojamiento 4510 150,33
Transporte 6973 232,43
Entradas 480 16
Cultura 300 10
TOTAL para dos personas 16370 545,66
TOTAL por persona 8185 272,83

 

*Tener en cuenta que algunos precios son fijos sin tener en cuenta el número de personas. Por ejemplo, el alquiler del auto tuvo un costo que, en nuestro caso, dividimos entre cuatro personas. 

Comida: incluimos todo lo que comimos y bebimos, tanto los gastos del supermercado como las salidas a restaurante.

Alojamiento: excepto una de las noches, las demás nos alojamos en hostels.

Transporte: nos movimos en autobús y alquilamos coche. Están incluidos los ferry de ida (Buenos Aires-Colonia del Sacramento) y vuelta (Montevideo-Carmelo-Tigre).

Entradas: incluye únicamente la entrada a Casa Pueblo (Punta Ballena)

Cultura: esto es lo que nos gastamos al hacer el Free Walking Tour que, como comentamos, es a voluntad.

 

 

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