Hay algo que viene ocurriendo frecuentemente y es que cuando decimos que llevamos diez meses viajando la gente nos pregunta cuántos países visitamos y qué recorrido hicimos. La parte del número de países nos da entre vergüenza y orgullo. En estos diez meses que llevamos de viaje hemos estado en 3 países y sabe, nos que nos ha quedado mucho por ver. Así que en las expectativas de los demás, que creen que con el tiempo que llevamos debemos haber recorrido medio planeta, nos quedamos cortos. Sin embargo, esto nos produce un poco de orgullo, para qué negarlo. Hemos recorrido estos 3 países a un ritmo lento, intentando quedarnos bastante tiempo en los lugares, intentando interiorizarnos, conocer a gente, aprender de los lugares, de las personas. 

Después viene la parte en la que explicamos nuestro recorrido y aquí es donde las cabezas empiezan a explotar. Nadie entiende nuestro itinerario, porque es verdaderamente caótico. Y entre todas las cosas extrañas que tiene nuestro recorrido por el mapa del cono sur de Sudamérica, ésta es la más rara de todas.

Cuando me dijeron que muy probablemente tenía el menisco roto y que en el mejor de los casos iba a necesitar un mes de recuperación, decidimos que la mejor opción sería ir hasta San Carlos de Bariloche, donde mi tía tiene una casa y donde podíamos estar más tranquilos que en Punta Arenas. La decisión parecía acertada y sencilla: comprar un pasaje de autobús desde Punta Arenas hasta Bariloche. Pero como muchas otras veces descubrimos que, aunque acertada, de sencilla esta decisión no tenía nada. 

Averiguamos en todas las compañías de autobús que encontramos en Punta Arenas y nos dimos cuenta de que no había muchas opciones. Los autobuses no iban directos desde Punta Arenas a Bariloche, sólo iban a Osorno (la ciudad chilena más cercana a Bariloche). Una compañía nos ofreció la posibilidad de comprar un pasaje a Río Gallegos y desde ahí, en una compañía argentina, hasta Bariloche. Mientras que el recorrido Punta Arenas – Osorno costaba CLP$55000 (74€), el recorrido Punta Arenas – Río Gallegos – Bariloche costaba CLP$85000 (114€) por persona -siendo un trayecto de menos distancia que el primero.

¿Por qué no hay autobuses desde Punta Arenas hasta Bariloche? Porque por algún motivo que desconocemos (aunque tenemos una teoría que lo podría explicar) el Gobierno de Argentina no deja que los autobuses de Chile dejen pasajeros en territorio argentino. Conocíamos esta historia, y pensamos que entonces seguramente los pasajeros de los autobuses entrarían en territorio argentino como “pasajeros en tránsito”, ya que atravesar el territorio argentino es la única manera que tienen los chilenos de la zona de Magallanes para acceder al resto de Chile por tierra. 

Aclaro que éste fue uno de los pocos recorridos que no hicimos a dedo en el viaje por el hecho de que tenía dañada mi rodilla y E. tenía miedo que al llevar el peso de la mochila me lastimara más aún. Evaluamos lo que nos ofrecían y viendo las diferencias de precio, decidimos comprar el bus a Osorno y de ahí volvernos a Bariloche a dedo -que era una distancia menos. A todo esto, tampoco había pasajes, así que nos quedamos “atrapados” en Punta Arenas durante unos 4 o 5 días antes de poder tomar el bus hacia Osorno.

El 24 de enero preparamos nuestras cosas, salimos del hostal bien temprano y fuimos a esperar al autobús. Mientras esperábamos a que llegara el bus, nos pusimos a jugar a cartas en un banco en la calle. La gente que pasaba nos observaba. 

Poco a poco empezaron a llegar los demás pasajeros y ahí nos fuimos amontonando. Al de un rato llegó el autobús. Todos los que hasta ese momento habían esperado en una fila bien ordenada empezaron a luchar para subir su equipaje lo antes posible al maletero del autobús. Nosotros esperamos por atrás a que se calmara el asunto. Queríamos pedirle al chófer si cabía la posibilidad de que nos dejaran en territorio argentino (por si nos habían dado mal la información) o, al menos, en la frontera. Cuando llegó el momento nos acercamos al chófer y le contamos nuestra situación. Nos dijo que era imposible para él dejarnos en territorio argentino, porque podía tener problemas él. Sin embargo, dijo que no había ningún problema en dejarnos en la frontera chilena.

Subimos nuestras mochilas al autobús y comenzó el teletransporte. La primera parada en la frontera chilena nos hizo aterrizar. No entraríamos en Argentina como pasajeros en tránsito. Eso había sifo una invención nuestra. Tuvimos que hacer los trámites de migraciones como cualquier otro. Ahí fue cuando comenzamos a maquinar distintas teorías sobre por qué no podíamos bajarnos en Argentina. Nuestra conclusión: a las empresas de transporte argentinas no les conviene porque el transporte en Chile es mucho más económico. 

Recorrimos algunas rutas por las que ya habíamos andado a dedo un tiempo atrás (como por ejemplo la Ruta 3) en sentido contrario. Hicimos una pequeña parada en Caleta Olivia y desde el autobús le mandamos un saludo a Lilian. Y pasamos toda la noche arriba del autobús, intentando dormir y descansar un poco. Alrededor de las siete de la mañana pasamos al lado de San Carlos de Bariloche. La vimos a distancia. Después de 20 horas subida al autobús sólo tenía ganas de llegar a destino. Fue duro ver el lugar al que íbamos a unos pocos kilómetros y saber que aún nos quedaba mucho para llegar. 

Anduvo el autobús como unas dos horas más hasta llegar a la frontera argentina. Allí tuvimos que hacer los papeles de salida del país. Unos 30 kilómetros más adelante se encontraba la frontera chilena, donde por fin podríamos bajarnos del autobús y comenzar nuestro regreso a Bariloche. Nos bajamos del autobús para poder hacer los trámites de entrada a Chile. Hacemos la cola y en algún momento llegamos a la ventanilla donde se encuentra el oficial de la PDI que va a sellarnos el pasaporte. 

-¿A dónde van en Chile? -es la primera pregunta que nos hace y no podemos evitar sonreír. Le decimos que no vamos a Chile, que vamos para Bariloche en Argentina. Su cara es un poema. No entiende nada. Pero, ¿cómo? -insiste- ¿podrían darme un domicilio al que vayan en Chile?

-Es que… vamos para Bariloche -le respondimos.

-¿Y cuánto tiempo piensan quedarse en Chile? -pregunta entonces.

-¿Cinco minutos? -le contesto riendo-. Es que… mire, que nosotros no vamos a Chile.

Y le explicamos bien la situación. Al pobre le cuesta entender. Y no me extraña para nada. Lo que estamos haciendo es una tremenda locura. Al final nos sella el pasaporte y nos deja ir. Su cara de incredulidad no se me borra de la cabeza.

Entonces, nos colocamos de nuevo las mochilas al hombro y ahora caminando vamos hasta donde debemos hacer los trámites de salida de Chile. Ahí, una chica nos pregunta si responderíamos a una encuesta sobre el tiempo que hemos pasado en Chile. Carcajada asegurada. Le contamos que hemos pasado cinco minutos en su país, que acabamos de entrar en un autobús por el otro lado. Nuevamente cara de sorpresa. No debe ser algo muy común.

Para salir no nos hacen muchas preguntas. Simplemente nos sellan el pasaporte y, cinco minutos después de haber entrado, ya estamos fuera del territorio chileno. De ahí, hacemos dedo hasta la frontera argentina. Volvemos a realizar los trámites de la frontera y el ingreso a territorio argentino. Y de ahí a Bariloche, donde llegamos alrededor de las cuatro de la tarde.

Y así fue el día que estuvimos cinco minutos en Chile.