En julio de 2011 llegué a Chile para terminar mi carrera en Biología. Venía con varias ideas en mente: encontrar una rama de la Biología que me apasionara para continuar mi carrera, conocer más sobre este país y su gente que me resultaban fascinantes y poder recorrer un poco. La verdad es que no conseguí todo lo que tenía en mente, pero al menos tuve la oportunidad de visitar bastantes lugares dentro de Chile. Estuve en Punta Arenas en un congreso, en Valdivia para el 18 de septiembre (fiestas patrias), en el Parque Radal Siete Tazas con mi amiga Estefi, en la zona central donde viví, en el Valle del Elqui y en San Pedro de Atacama con mi hermana. Me llevé una perspectiva bastante global de lo que era el país. Pero había dos lugares que me habían quedado en la lista y que tenía muchas ganas de conocer: Isla de Pascua y Torres del Paine.

Cuando planificamos el viaje por Sudamérica, Isla de Pascua no entró siquiera en las negociaciones, no estaba considerado. El precio del vuelo ya era excesivo y ni pensar en todo lo que gastaríamos allá. Así que todas las expectativas estaban depositadas en Torres del Paine, mi gran pendiente.

Supongo que depositar demasiadas expectativas en algo siempre suele tener el mismo efecto: la decepción. Y aunque uno lo sabe, muchas veces es difícil escapar de ello. Aún ahora, después de meses de haber estado en la zona, y viajando aún por Chile, cada vez que saben que venimos viajando desde Punta Arenas, lo primero que te preguntan es a ver si has ido a Torres del Paine. El que estuvo lo ama. Y el que no, quiere ir. Así que cada vez que me preguntan qué me pareció, mi gesto se tuerce. Siempre me costó esconder lo que siento y al respecto de las Torres mucho más. Y me cuesta poner esta cara porque no quiero que el chileno que me pregunta se piense que no me gusta su país. Si Chile me encanta, llevamos aquí un montón de tiempo y no porque nos obliguen. Pero las Torres, ay las Torres.

El problema comenzó con la planificación. Aún estando en Ushuaia se nos ocurrió que quizá sería el momento de empezar a planificar el Trekking por las Torres del Paine. Nos encontramos con un sistema recién implementado (que seguramente también tenía una parte de desastroso simplemente por ser nuevo) en el que, para poder entrar al parque por más de un día, hay que hacer con anterioridad las reservas de los campings. Esto genera varias situaciones complicadas:

  1. Cuando uno viaja por 15 días sabe exactamente qué va a hacer cada día. Cuando se viaja con más tiempo (como lo estamos haciendo nosotros) normalmente tenemos la ventaja de poder ser más flexibles y adaptarnos mejor a todas las condiciones. Por ejemplo, si el día que vamos a empezar el trekking hace un clima horrible, lo aplazamos y comenzamos en otro momento. Sin embargo, con el sistema de reservas uno debe planificar con dos meses o más de antelación el día exacto en el que va a ingresar al parque.
  2. Las reservas de los campings se realizan a través de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), cuyos campamentos son gratuitos, y dos empresas privadas. Para poder coordinar las reservas de todos los días del circuito, uno debe convertirse en un malabarista para que todas las fechas encajen.
  3. Las reservas de camping en CONAF se realizan a través de Internet, son gratuitas y no tienen tampoco ninguna penalización si uno no acude. Es por eso que aquellos que planificaron su viaje con mayor antelación reservaron muchos días de más para asegurarse el tener una reserva en la fecha deseada. Así, mucha gente se quedó sin reservas mientras que los cupos de los campings no se llenaban.
  4. Las empresas privadas gestionan diferentes cupos a través de Internet y de forma presencial. Esto te obliga a estar en Puerto Natales una semana antes de subir al Parque si es que no tienes plaza a través de Internet.

La organización me generó tantos dolores de cabeza que llegué a pensar que era mejor no ir. Le dije a Erlantz varias veces que me iba a rendir, que el sistema estaba pensado por el enemigo. Y no es que no entienda los motivos por los que implementar el sistema de reservas: es una forma de limitar el cupo de gente que puede estar en el Parque y proteger así al entorno. El problema es únicamente la forma en la que se ha hecho. 

Conseguimos reservar en enero dos noches de camping para marzo. A pesar de todo, decidimos ir. Y “gracias” a la lesión de mi rodilla tuvimos que hacer Punta Arenas a Puerto Natales pasando por Bariloche. Lo que nos dio ese margen de tiempo que necesitábamos para poder ir en las fechas de las dos únicas reservas de campamento gratuito que teníamos.

A pesar de todos los problemas que habíamos tenido con la organización y con la lesión de la rodilla (que por un momento nos hizo pensar que íbamos a tener que suspender el viaje entero, no sólo la visita a las Torres) cuando llegamos a Puerto Natales con la intención de subir, la emoción era máxima. Por fin, después de tantos años, de tantas vueltas, iba a cumplir un gran sueño y un gran reto.

Tres días después volví a Puerto Natales con el corazón (y el cuerpo) roto. Torres del Paine no sólo no había cumplido mis expectativas, me había causado una profunda decepción. No me malentiendan. El lugar es inigualable, los paisajes son bellísimos y la naturaleza salvaje está ahí al alcance de la mano. Pero hubo muchos factores que finalmente hicieron que la experiencia en su conjunto no fuera lo que esperaba.

Hago trekkings para estar en contacto con la naturaleza y disfrutar de los paisajes, principalmente. Supe que algo no funcionaba, cuando caminando por los senderos me sentía como si estuviera en la quinta avenida en Nueva York (aunque nunca he estado puedo imaginar cómo debe ser). Los senderos de Torres del Paine están llenos de gente (razón por la cual decidieron hacer el sistema de reservas). 

Debido a la planificación de campamentos que teníamos, el segundo día tuvimos que caminar 9 horas casi sin detenernos para poder llegar al campamento antes de que anocheciera. Eso significó no poder detenernos, no poder parar a observar el paisaje, sentarnos a disfrutarlo en silencio como a mí me hubiera gustado. 

Después de haber pagado una entrada al Parque bastante considerable, fuimos descubriendo que el estado de los caminos y las señales era terrible en algunas zonas. 

Y para finalizar, la sensación constante de que lo único que interesa es que vayas a dejar tus lucas (tu dinero), sin importar demasiado la experiencia que tengas, el aprendizaje sobre la naturaleza o su conservación. 

Esta experiencia con Torres del Paine hace que nos planteemos si tenemos ganas de visitar otros lugares turísticos del mismo nivel como puede ser Machu Picchu. Tememos que la organización sea complicada, todo sea demasiado caro y el disfrute no tanto. 

¿Has tenido alguna experiencia similar en la que la realidad no alcanzó tus expectativas? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

Y si quieres organizar tu visita al Parque Nacional Torres del Paine, disfrutar el viaje y que no te pase como a nosotros. Entra en nuestra Mega Guía Practica de Torres del Paine.