Es en Tres Arroyos donde verdaderamente arrancamos nuestro camino por la Ruta 3. Y aunque el objetivo era llegar hasta Ushuaia, disfrutamos de las paradas entre medio, de las charlas con la gente que nos llevó a dedo y de los múltiples CouchSurfers que nos alojaron en el camino. 

La Ruta 3 fue un camino que empezamos a recorrer con esperanzas y que terminamos con certezas. Con la certeza de que viajar a dedo no sólo se puede, sino que resulta muy enriquecedor. Con la certeza de que ir haciendo CouchSurfing nos llena de experiencias nuevas, de gente increíble y de formar parte de situaciones impensables. Con la certeza de que a veces los detalles más insignificantes pueden significar un mundo. 

Así empezamos a recorrer la grandiosa Ruta 3 con sus 2688 kilómetros desde Tres Arroyos a Ushuaia (el tramo que hicimos nosotros).

Tres Arroyos

En Tres Arroyos nos estaban esperando Mariana y Alan, pero estaban trabajando aún. Así que nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Nos encontramos con unas enormes y antiguas construcciones que nos encantaron alrededor de la plaza.

Nos sentamos a tomar un refresco en una terraza, para aplacar el calor y para aprovechar que tenían Internet. Aquí fue donde empezamos a notar la diferencia con la gente. Notamos que nos atendían con más amabilidad y más tranquilidad. La gente estaba sonriente, se la notaba tranquila y nada alerta. Esta sensación nos gustó.

Nos levantamos de la mesa para ir a la plaza a esperar que se hiciera la hora. Mientras E. se dedicaba a sacar fotos de los alrededores, yo me eché a dormir una siesta –cosa impensable en otros lugares. Se hizo la hora de recoger y caminábamos atravesando la plaza. Entonces un chico nos empezó a dar conversación. ¡Qué lindo que la gente te hable por la calle! Nos preguntó de dónde éramos y hacia dónde íbamos. Hablamos un rato y le contamos que escribíamos un blog contando nuestras experiencias.

Emprendimos camino hacia la casa con las energías viajeras renovadas. Cada situación las había ido recargando: el viaje en auto con Laura hasta Necochea, hacer dedo con gente tan amable, tomar un refresco y que nos atendieran tan bien. Pero la conversación con alguien en la calle fue el broche final para recargar las pilas. Lo que nos faltaba aún para terminar un increíble día como aquel era llegar al hogar de Mariana y Alan. Aunque fue una pena habernos quedado tan poquito tiempo con ellos (sólo una noche), pudimos disfrutar de compartir una pizza riquísima y especialmente muchas conversaciones sobre la vida y los viajes. A la mañana siguiente nos preparamos para salir y Alan se ofreció a acercarnos en auto hasta un buen lugar para hacer dedo. Así que alrededor de las nueve estábamos colocados nuevamente en la carretera, con nuestros ojos puestos en Viedma.

Tres Arroyos – Viedma

Este tramo de la Ruta 3 es en el que más vehículos tuvimos que tomar. Una gran parte se debió a nuestro desconocimiento sobre el flujo del tráfico. Es lo que tiene ser principiantes. Todos los camiones hacen una ruta que es más corta que la Ruta 3 y que está en mejores condiciones (Ruta 22 y 251) que pasa por Conesa. Sin embargo, nosotros ya habíamos acordado que iríamos a la casa de Manu y además nos habían dicho que era lindo de conocer Viedma y Carmen de Patagones. Así que decidimos lanzarnos a llegar a Viedma.

Vehículo 1: el camión que maneja Sebastián

Tiempo de espera: 11 minutos

Recorrido: Tres Arroyos – Bahía Blanca

Veníamos con las pilas cargadas del dedo del día anterior. Así que nos colocamos donde nos dejó Alan y la magia ocurrió rápido. Once minutos después paró Sebastián, que iba hasta Ushuaia para llevar telas. Él fue el que nos habló sobre la ruta más corta que tomaban los camiones y nos aconsejó que nos desviásemos también. Pero ya habíamos decidido ir hasta Viedma, así que se ofreció a dejarnos después de Bahía Blanca, donde él tomaría la Ruta 22.

Vehículo 2: el camión que maneja Jorge

Tiempo de espera: 14 minutos

Recorrido: Bahía Blanca – Pedro Luro

Subimos al camión de Jorge y él nos explicó porqué en esa zona casi no había casi ganado ni plantaciones. La cuestión es que en esa zona llevaban casi 4 años en los que había dejado de llover como lo hacía anteriormente. Como consecuencia, los suelos se habían secado tanto que se había empezado a formar una especie de médanos, similares a los que hay en un desierto. Recién el último año había llovido un poco más y la zona había empezado a recuperarse. 

Vehículo 3: el auto de Cecilia

Tiempo de espera: 33 minutos

Recorrido: Pedro Luro – Villalonga

Cecilia es una chica joven. Acaba de terminar hace poco la academia para ser policía, sigue la tradición de la familia. Su padre también es policía. Él no quería que ella fuera a la academia, cree que ella podría tener una mejor vida haciendo otra cosa. Sin embargo, ella sabe lo que quiere y fue a por ello. 

Va de camino a Villalonga al cumpleaños de una amiga. No se ven muy seguido, es una amiga de la infancia. Pero hace poco fue el cumpleaños de Cecilia y su amiga fue a su celebración, así que ahora quiere ir a visitarla. 

Sentía curiosidad por nuestro viaje. Le contamos lo que estábamos haciendo y lo que pensábamos hacer en el futuro. Al despedirnos nos pidió a ver si podía sacarse una foto con nosotros. Nos sentimos rock stars.

Vehículo 4: el camión de Raúl

Tiempo de espera: 0 minutos

Recorrido: Villalonga – Ströeder

Bajamos del auto de Cecilia y mientras estamos descargando nuestras cosas vemos que se acerca un camión. No demasiado esperanzados, pero un poco a la desesperada, alzamos el dedo. El camión se detiene unos metros más adelante. Raúl nos ofrece alcanzarnos hasta Ströeder, donde él tiene que dejar unos bidones de agua y limpiar el camión.

Raúl es un señor mayor que conduce un viejo camión que es suyo. Le encanta pescar y nos cuenta que Bahía San Blas es un lugar ideal para hacerlo. Tiene mucha conversación y muchas ganas de ayudar. Nos avisa que después él va hasta Viedma, que nos deja en la ruta y que, si al volver a pasar aún nos encuentra por ahí, que él nos acerca hasta nuestro destino, que no nos preocupemos. Aunque ya es un poco tarde, eso nos da tranquilidad. 

Vehículo 5: el auto de una pareja

Tiempo de espera: 15 minutos

Recorrido: Ströeder – Viedma

Ellos habían tenido que ir hasta Bahía Blanca al médico, porque era lo más cercano que tenían para el tipo de atención que necesitaban. En el último tiempo habían tenido que ir bastante seguido porque él no se encontraba muy bien de salud, así que habían tenido que hacer el trayecto de unos 280 km unas cuantas veces ya. Se lo tomaban con filosofía, porque en realidad no les quedaba otra manera de hacerlo.

Cuando estábamos llegando a Viedma vimos un atardecer increíble (del que no hay fotografías) pero que quedará grabado para siempre en nuestras memorias.

Cómputo final del día: 470 kilómetros recorridos y 1.13 hs de espera en 5 vehículos

 

Desde la estación de autobuses de Viedma, donde nos dejó esta pareja, nos tomamos un taxi hasta la casa de Manu. Ella justo había salido, pero la vecina nos vio esperando y nos avisó que volvía en un ratito. Así que esperamos tranquilamente al lado de la casa hasta que ella apareció.

¿Cómo definir a una mujer como ella? Joven, revolucionaria, feminista, preocupada por los problemas sociales y dispuesta a hacer lo que sea para conseguir el cambio. En verdad me removió las entrañas. Me sentí de muchas maneras identificada con la Maite de hace unos años.

Llegamos un viernes y al día siguiente era el cumpleaños del padre de Manu y nos invitó a que fuéramos con ella. Nos encontramos con una celebración donde estaban: el festejado, su mujer, sus dos hijas, la pareja de una de ellas y su bebé. Un festejo puramente familiar. Y, en el medio, nosotros. Comimos asado y guacamole mexicano (la mujer es de allá). 

El domingo salimos a dar una vuelta. Salimos de la casa de Manu y llegamos hasta un supermercado. Entramos con la intención de comprar algo para comer y nos quedamos un rato más del esperado porque fuera hacía tanto calor que nos arrastrábamos por la calle. El bochorno era insoportable. Compramos para hacernos unos sándwiches y nos sentamos en algún lugar a comerlos. Caminábamos 3 cuadras y teníamos que parar a sentarnos. Paseamos por la costa del Río Negro, el que separa Viedma de Carmen de Patagones (ciudad que se encuentra justo en frente) y que marca el inicio de la Patagonia Argentina. Había mucha gente bañándose en el río, intentando refrescarse.

Ahí nos reencontramos con Manu y decidimos pasar a Carmen de Patagones en una lancha. Nos subimos a la lancha y apenas ésta comenzó a andar el viento cambió, empezó a soplar fuerte, la temperatura bajó como 10 grados y pudimos intuir que pronto comenzaría la tormenta. Pero ya estábamos cruzando así que fuimos de todas formas.

En Carmen de Patagones paseamos por la zona antigua, bastante pintoresca. Después, con la intención de refugiarnos de la lluvia, Manu llamó a unas amigas que nos invitaron a su casa. Así pasamos toda la tarde tomando tereré (mate cebado con jugo de frutas bien frío) y conversando sobre la vida, los viajes, los estudios, las relaciones.

El lunes era el día libre de unos cuantos amigos de Manu que trabajan en el sector de hostelería. Así que nos invitaron a que fuéramos a hacer un paseo por la costa del mar. Fuimos en auto hasta La Lobería, un pequeñísimo pueblo en la costa donde se encuentra la comunidad de loro barranquero más grande de Sudamérica. Y donde, además, tienen un área protegida con lobos marinos.

donde habita el loro barranquero

Aquí es donde habitan los loros barranqueros

Cuando ya estábamos por volvernos, algunas chicas dijeron que una amiga se había hecho una casa por ahí y que podríamos intentar encontrarla. Con las pocas referencias que tenían sobre cómo era la casa, empezamos a recorrer las calles de La Lobería en coche. No parecía que hubiera nadie en ninguna casa. De repente, pasamos al lado de una casa donde parecía que había gente y pudieron reconocer a su amiga saludándoles desde la ventana. Nos invitaron a pasar y tomar unos mates. Ella y su pareja, ambos artesanos y viajeros, se estaban construyendo la casa con sus propias manos. Intercambiamos datos sobre lugares y construcción en barro. Fuimos a contemplar la costa, que se veía así:

Después volvimos a Viedma cantando.

Y aunque ya hacía algunos días que habíamos entrado en la Patagonia, fue este día cuando nos presentaron oficialmente al viento patagónico.

-Viento patagónico, te presentamos a Maite y Erlantz.

-Chicos, éste es el viento patagónico. Los va a acompañar un ratito en su viaje, así que más les vale hacerse amigos.

viento patagónico

Ya les iremos contando cómo ha sido nuestra relación, pero podemos ir diciendo que no fue nada sencilla.