Este post está publicado en varias partes. Si quieres empezar a leer desde el principio la primera parte puedes encontrarla haciendo click aquí.  

Viedma – Las Grutas

Todos nos dijeron que salir haciendo dedo de Viedma era algo sencillísimo. Que había mucho tráfico y que la gente paraba. Nosotros habíamos tenido hasta el momento sólo experiencias buenas y todo había resultado bastante sencillo. Así que no dudamos que esta vez sería igual. Pero… nos equivocamos bastante.

Nos colocamos afuera de la estación de servicio que era el lugar donde nos habían dicho que era un buen lugar para hacer dedo. dejamos nuestras cosas y empezamos a hacer dedo poniendo todas nuestras energías en cada coche que pasaba. Diciéndonos “éste va a parar”.  En algún momento una persona paró y nos dijo que nos llevaba cinco kilómetros más adelante al cruce, pero nuevamente el desconocimiento nos jugó una mala pasada, y pensando que quizá más adelante el lugar sería peor que donde estábamos le dijimos que no. Después nos arrepentiríamos bastante de haber tomado esa decisión. Pero de todo se aprende.

Pasó una hora y aún no habíamos perdido la esperanza de que alguien nos fuera a parar. Aunque hasta el momento no habíamos tenido que esperar en general tanto tiempo, sabíamos que era una posibilidad. Así que sacamos del tupper las empanadas que nos habíamos comprado la noche anterior y comenzamos a comerlas. Las empanadas se terminaron.

Pasó otra hora y aunque ya estábamos un poco cansados de esperar y, especialmente, de toda la energía que le poníamos a cada auto (cuando pasaba 1 auto por segundo), seguíamos teniendo esperanzas. Decidimos sacar el mate, para ver si quizá alguien simpatizaba con nosotros por estar tomándolo. Y, de paso, para hacer algo para pasar el rato. El agua para el mate se terminó.

Pasó otra hora más y ya empezamos a pensar planes alternativos y tiempo límite para estar en ese lugar. Lo bueno era que podíamos volver a la casa de Manu. Lo malo era que ya nos estaba esperando Vero en Las Grutas y no queríamos dejarla plantada. Ya no teníamos nada para matar el tiempo.

Pasó otra hora y ya habíamos decidido esperar máximo otra hora y sino encarar hacia la estación de autobuses. Aunque el cansancio iba calando, conseguimos mantener la energía positiva y pensar que en esa hora alguien sí que iba a parar.

Pasaron 15 minutos más. Entonces, una mujer que iba sola en su coche hizo contacto visual conmigo y unos metros más adelante puso el guiño y se detuvo al costado de la ruta. Corrí hasta el auto para poder hablar con ella. Abrí la puerta del copiloto.

-Tengo mucho miedo, tengo mucho miedo de hacer esto, tengo mucho miedo -me dijo ella. 

Yo sólo pude decirle: somos buena gente. 

-Dale, los llevo.

Nos subimos al auto y comenzamos a conversar. A pesar de todo su miedo por levantar a mochileros en la ruta, Vero paró porque su hijo de 21 años este verano se iba al sur de Argentina a hacer un viaje con 2 amigos. Ellos pensaban también viajar a dedo. Aunque no lo dijo tal cual, creo que para ella era una manera de dar lo que esperaba que su hijo recibiera en su viaje. Ella nos acercó hasta el cruce de Conesa, el mismo lugar al que el otro hombre nos habría llevado si le hubiéramos dejado.

Llegamos al cruce y nuevamente colocamos nuestras cosas. La única -y no pequeña- diferencia con el otro lugar donde estábamos era que no pasaban casi autos. Podría esto verse como una desventaja. Pero después de habernos pasado cuatro horas poniendo todas las energías en el dedo, esto resultaba un descanso. Yo me senté a leer y E. se puso a sacar fotos.

esperando haciendo dedo

Escuchábamos a los autos antes de verlos aparecer. Y cuando veíamos que encaraban hacia nuestro lado (muchos pasaban de largo), yo me levantaba y ambos hacíamos dedo. En el peor de los casos que nadie parase, había espacio para poner la carpa y teníamos algo de comida para cocinarnos. Así que esperamos ahí una 1.05 horas y entonces paró un auto. Eran un hombre y una mujer que iban a Las Grutas a una reunión.  

Llegamos en un rato a Las Grutas. Nos dejaron en la entrada del pueblo, así que cargados con nuestras mochilas tuvimos que caminar como unas 10 cuadras (equivalente a un kilómetro más o menos). Llegamos a la casa de Verónica y ella estaba dando clases ahí. Dejamos nuestras cosas y ella nos convidó un vaso de agua y un paquete de galletitas que sabían a gloria. Y salimos a dar un paseo. 

La primera impresión del lugar fue buena. Las construcciones, todas de color blanco, nos recordaban a la costa del sur de España. Había una especie de línea de estilo que muchas de las edificaciones seguían. Eso le daba una linda imagen. Paseamos por la costanera. Habíamos salido sin la cámara de fotos y seguramente por eso también disfrutamos el doble del increíble atardecer de ese día. Nos sentimos felices de haber llegado. 

Volvimos a la casa de Verónica y hablamos sobre qué podíamos hacer de cenar. A ella no le gusta cocinar y a nosotros se nos notaba cansados. ¿Les gusta el marisco? -nos preguntó. -¡Claro! -contestamos con cara de extrañeza, sin entender a qué se refería. Bueno, yo los invito a una mariscada -continuó. Así que salimos a la calle y entramos en el restaurante más cercano, que ella ya conocía. No sé si existe la manera de expresar el agradecimiento para situaciones como ésta. 

Al día siguiente salió un sol hermoso. Calentamos agua para el mate, nos vestimos y salimos a comprar algo de comer para ir a desayunar a la playa. Las grutas que se encuentran en la costa son las que le dan el nombre a este pueblito que está poco poblado durante el año, pero que se plaga de turistas durante el verano. Aquí veranean los que viven más al sur y los que están del lado de la cordillera. Paseamos por las grutas, comimos medialunas y nos tiramos un rato a tomar sol. 

tomando sol

las grutas

A la tarde caminamos por la playa hasta el final, donde nos sentamos a tomar un rico mate mientras atardecía. Nos sentimos privilegiados de poder disfrutar esos momentos.

Cenamos y compartimos con Verónica. Hablamos sobre la vida y viajar. Ella nos habló sobre una pareja que andaban viajando con un montón de juegos de mesa. Nos enseñó su página web y consiguió entusiasmarnos con lo que ellos hacían. Fue un dato que quedó en nuestras cabezas y que más adelante volvería a resonar con fuerza. 

El día siguiente fue momento de partir. Nuestro siguiente destino sería Puerto Madryn donde nos esperaban Erica y Agustín.

Las Grutas – Puerto Madryn

Salimos de la casa de Verónica con pena. Sentimos que había sido poco tiempo el compartido. Pero esperábamos en algún momento volver a coincidir. Caminamos unas cuadras hasta colocarnos a la salida de Las Grutas. Sabíamos que no era el mejor lugar, porque no enganchábamos a todo el tráfico que salía de allí y tampoco a los que pasaban de largo. Sin embargo, teníamos la esperanza de que alguien nos sacara desde allí hasta la Ruta 3, para después comenzar a ir hacia nuestro destino aquel día: Puerto Madryn.

Después de 22 minutos de espera llegaron Daniel y Juana. ¿A dónde van? A Puerto Madryn. Nosotros también, los llevamos. Ellos eran de Santa Fe. Estaban yendo a Puerto Madryn a ver a su ex nuera (la ex mujer de su hijo) y a su nieta. A pesar de que su hijo estaba separado, ellos sentían a esta mujer como una hija más y la querían un montón. Habían entrado a Las Grutas porque se habían equivocado. Pasaron la noche en algún punto intermedio -porque hacer todo el camino desde Santa Fe a Puerto Madryn en un día es imposible- y cuando debían haber continuado por la Ruta 3, no se dieron cuenta y tomaron el desvío hacia Las Grutas. Nos comentaban, además, que normalmente no solían parar a mochileros pero que les habíamos dado buena impresión. Nos bajamos en la plaza de Puerto Madryn y nos abrazamos fuerte. A veces, todo fluye.

Avisamos a Erica que habíamos llegado y ella nos vino a buscar. Agustín estaba trabajando todavía. Ellos son una pareja adorable. Ella es profesora de Historia y él chef (¡como E.!). Se conocieron porque la madre de él es compañera de trabajo de ella. Se nota que se quieren mucho y que se hacen bien. Eso es hermoso de ver. Nosotros fuimos las primeras personas que alojaron a través de CouchSurfing.

En Puerto Madryn:

# Tuvimos nuestro primer (y último) día de playa del verano sudamericano. El primer día compramos empanadas y fuimos a la playa a comer. Comimos, charlamos y nos bañamos en el mar. La segunda vez estuvimos un rato pero el viento patagónico nos echó. 

día de playa en Puerto Madryn

# Agustín nos mimó cocinando para nosotros uno de sus platos estrella: risotto de riñones.

risotto de riñones

# Fuimos hasta El Doradillo, lugar donde en temporada se puede hacer avistamiento de ballenas desde la costa. Erica nos llevó hasta el lugar donde en temporada se pueden ver ballenas desde la costa. Porque sí, a pesar de todas las ganas que teníamos de llegar a Puerto Madryn, no fuimos lo suficientemente listos para planificar llegar dentro de la temporada. Es más, llegamos como una o dos semanas tarde. En la playa de El Doradillo pudimos visitar unas grutas que se forman por la erosión y que se pueden ver sólo con la marea baja (o entrando en kayak con la marea alta).

el doradillo

La playa de El Doradillo

Grutas en El Doradillo

Grutas en El Doradillo

# Visitamos una feria de artesanías locales, que se realiza una vez al mes. Había de todo, pero lo que más nos llamó la atención fue:

plantas dentro de corchos

# Aprendimos (¿?) a jugar al tejo. Podría decirse que E. aprendió a jugar y que yo entendí las reglas. Es un juego de puntería, y la mía es completamente desastrosa.

# Cenamos en familia. Nos invitaron a cenar con la familia de Agustín, donde conocimos a sus padres, a su hermano y la novia, y a una pareja de amigos de la familia. Comimos unas empanadas caseras que estaban deliciosas.

# Visitamos Gaiman. Erica y Agustín nos llevaron a pasar el día a Gaiman, un pueblito típicamente galés que queda relativamente cerca de Puerto Madryn (81 km). Y aunque el plan más común es ir a tomar el té al estilo galés, nosotros nos fuimos a comer una parrillada.

# Conocimos en Museo de Paleontología de Trelew. A la vuelta de Gaiman pasamos por la ciudad de Trelew y fuimos a visitar el museo. Aprendí que esta zona hace mucho tiempo estaba cubierta por el mar y posteriormente era una selva tropical. A partir de la formación de la cordillera de los Andes, el clima cambió completamente haciendo que esta zona sea tan árida como es.

se acercaba la Navidad

Se acercaba la Navidad

# Compartimos con Santi y Xenia (el hermano de Agus y su novia). Estuvimos en su casa y nos contaron sobre algunas de las experiencias que habían tenido con CouchSurfing. Ellos eran los que les habían contado a Erica y Agustín sobre la red. Nos cargaron las pilas en cuanto al blog.

# Fuimos a una feria con música en directo y actuaciones de improvisación.

# Terminamos nuestra visita a Puerto Madryn comiendo un cordero hecho al chulengo. Ésta es una parrilla originalmente hecha con los barriles desechados del petróleo, que es tan abundante en esta zona. La ventaja que ofrece además para hacer asado en esta zona es que se puede tapar y así evitar los desastres que podría causar en cualquier parrilla normal el bendito viento patagónico.

Cordero al chulengo

Por la cantidad de cosas que pudimos vivir esos días parece que hubiéramos estado mucho más tiempo. Fueron sólo 4 días, pero intensos y deliciosos.

Pero esto no fue todo… la Ruta 3 nos deparaba mucho más aún.