Noroeste de Argentina-10 puntos que marcaron nuestro viaje de 3 semanas
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En septiembre nos fuimos tres semanas a recorrer el Noroeste de Argentina. Viajamos por las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy. Fueron tres semanas muy intensas, de momentos inolvidables  y paisajes de todos los colores.

En nuestra visita al Noroeste de Argentina empezamos a sentirnos realmente de viaje y comenzamos a experimentar muchas cosas nuevas. Te cuento estas tres semanas resumidas en los 10 puntos más destacados del viaje.

Punto 1: El viaje en tren al Noroeste de Argentina

Así empezó y acabó nuestro viaje por el Noroeste de argentina. Diecinueve horas para llegar y veintisiete para volver.

El tren Buenos Aires-Tucumán es todo un clásico para viajar al noroeste de Argentina. Nuestra amiga J. nos acompañó hasta la estación en Rosario (desde donde arrancaba nuestro viaje) y apenas traspasamos la puerta, entramos en modo viaje.  

Nos contagió la gente que esperaba con sus maletas, los mates preparados y las caras de emoción. Las primeras dos horas fueron de charlas a voces, de gente paseando por los pasillos y de niños jugueteando por ahí. Después, el tono fue bajando y ahí empezó lo interesante.

Casi sin darnos cuenta, comenzamos a charlar con una mujer que viajaba junto a su padre y su hija, que estaban sentados del otro lado del pasillo. Iban a festejar el cumpleaños de alguien de la familia y aprovechaban a visitarlos por unos días. Nos preguntaron sobre nosotros, a dónde íbamos, de dónde veníamos… Se ve que la charla resultó interesante para otros.

Al de un rato hablábamos y nos moríamos de risa: cuatro argentinos, un irlandés (Paul), una paraguaya, la argentina traidora (M.) y el vasco (E.). Pasó tan rápido la tarde que cuando apagaron las luces para ponerse a dormir, desde la otra punta del vagón nos chistaron para que nos callemos, ¡no podíamos parar de reír!

Las horas de la mañana fueron más largas. Todos estábamos ya cansados después de haber pasado la noche buscando una postura buena para dormir (y en muchos casos sin encontrarla). El paisaje era homogéneo y eso no ayudaba a que el tiempo pasara más rápido. Hacía bastante calor, especialmente si tenemos en cuenta que estábamos en pleno invierno. Para nada la temperatura que esperábamos. Y en algún momento, de repente, llegamos a Tucumán.

La vuelta fue otra cosa. Parece que todos los pasajeros volvían a sus casas, a sus rutinas, a sus trabajos. Parece que nadie iba de paseo a Buenos Aires. Porque la gente parecía malhumorada, los niños lloraban a mares o gritaban como bestias. Fueron veintisiete horas muy, muy largas. Especialmente cuando ya estábamos a las afueras de Buenos Aires, el tren se detenía durante más de media hora en la mitad de la nada, sin motivo alguno.

El viaje en tren nos dio pistas desde el primer momento de los ritmos diferentes de la capital y el interior.

El tren hizo que este viaje al Noroeste de Argentina fuera único.

Punto 2: Hacer dedo

Antes de empezar tenía miedo. En realidad, tenía miedos. Tanto E. como yo intentamos evitarlo sin decirnos nada porque los dos nos sentíamos bastante aterrados de empezar a hacer dedo. ¡Cuánto cuesta a veces decir en voz alta lo que en nuestro interior se ve tan claro!

Creo que decirlo lo convierte en real, y no queríamos hacerlo más real de lo que ya era. Mis miedos iban más allá de los miedos que hacer dedo plantean a muchas personas y que tienen que ver en general con los millones de cosas horribles que la gente puede hacerte en esa situación.

Tenía miedo de no saber dónde colocarnos, en qué carretera, en qué lugar en concreto, cuánto tendríamos que esperar, cómo sabríamos si el lugar donde estábamos era el adecuado o no… Pero así como teníamos todos estos miedos, sabíamos que queríamos superarlos, así que nos compramosAutostop. El manual para viajar a dedo por el mundo, decididos a obligarnos a intentarlo. Y fue una de las mejoras cosas que podríamos haber hecho.

Después de haber pasado la primera noche en un camping a las afueras de Tucumán, decidimos que era el momento de intentarlo. Pretendíamos llegar lo más al norte que pudiéramos. Y entonces todos los miedos que yo tenía se materializaron.

Tomamos un colectivo local para acercarnos a Tucumán, pensando que nos dejaría a las afueras, cerca de la autopista. Pero entramos demasiado en la ciudad y cuando empezamos a preguntar en la estación de servicio en la que estábamos parados, parecía que nunca saldríamos de allí. Entonces uno de los guardias de seguridad nos dijo que probablemente sería más conveniente que tomáramos un colectivo o un taxi hasta otra estación de servicio más adelante, donde se juntaba la salida de Tucumán con la autopista que la circunvalaba.

Le hicimos caso. Dentro de la estación de servicio había varios camiones, pero todos parecía que estaban durmiendo una siesta y no iban a salir nunca. Intenté preguntar a la gente que estaba cargando gasolina, pero nadie estaba receptivo. Nos colocamos en una esquina, con un cartel y nadie pasó. Un señor nos dijo que caminásemos un poco y nos pusiéramos debajo de un puente que había cerca. Caminamos, nos colocamos con el cartel y casi todos los que pasaban nos decían que iban a dar la vuelta en el puente.

En un momento sentí que no íbamos a conseguirlo. Todos mis peores presagios estaban haciéndose realidad. Pero intenté pensar que todo iba a salir bien. Fuimos al otro lado del puente otra vez. Esta vez ya sin el cartel, por miedo a que la distancia del lugar al que nos dirigíamos asustara a la gente, nos pusimos a hacer dedo de la forma más feliz que encontramos.

Bajo el sol que pegaba fuerte, E. les hacía señales y yo rogaba bajo mi sombrero de paja. Casi todos volvían a hacernos señales (¡que no entendía!). Me giro de repente y me encuentro detrás nuestro un camión enorme parado en el arcén y al camionero al lado haciéndonos señas muy efusivo. Corrimos con las mochilas cargándolas como podíamos. ¡Lo habíamos logrado!

A partir de ahí, todo fue más fácil. Llegamos a Salta en cinco horas, durante las cuales charlamos un poco de todo. Desde la situación del país, historias bizarras sobre gente de Tucumán, la vida personal del camionero (casado y padre primerizo), nuestra vida personal, los caballos que él usaba para carreras, leyendas sobre la ciudad de Salta… Nos dejó cerquita del centro, donde el viaje comenzaría de verdad.

En Cafayate la experiencia fue diferente. Nos recogieron 3 franceses, una pareja que estaba haciendo un viaje de un mes y el tercero que estaba haciendo un viaje de un año. Iban a un lugar cerca de donde íbamos nosotros. Aún así, hicieron casi 5 kilómetros de más para dejarnos en un lugar mejor para nosotros, porque aún no habíamos llegado a destino.

llamas en el Noroeste de Argentina

llamas en el Noroeste de Argentina

Esperamos más de una hora hasta que alguien nos volviera a parar. Era domingo, mediodía, en un lugar donde la siesta es sagrada, otra vez parecía que nunca saldríamos de ese lugar. Por suerte nos paró una pareja. Nos habían visto cuando hacíamos dedo en Cafayate. Al vernos otra vez, pararon. Iban de vuelta a casa, después de haber pasado unos días viajando por el Noroeste de Argentina. Su hija también había viajado a dedo y les había contado muy buenas experiencias. Ellos querían devolver algo de la bondad que ella había recibido.

Montamos en la parte trasera de la pickup, y disfrutamos sentados al sol durante casi una hora de los mejores paisajes. De carreteras zigzagueantes, ciclo-viajeros pedaleando con todas sus fuerzas, de montañas que parecían pintadas en el horizonte y llamas en el medio de la carretera.

Punto 3: El silencio

Estoy segura de que si alguien me hubiera preguntado algunos meses atrás sobre mi relación con el silencio le hubiera dicho que era algo tortuosa. Nunca me cayó demasiado bien. Para estudiar amaba escuchar música, el silencio conseguía distraerme. Y cuando en el último año me quedaba toda la mañana sola y no tenía con quién hablar, me ponía la tele, o música o cualquier cosa que hiciera ruido.

El silencio era un sinónimo de soledad, de falta de compañía. El silencio me molestaba, me distraía, llegaba a volverme un poco loca y, siempre que se podía, intentaba evitarlo. Como se imaginarán, esa relación cambió bastante recientemente. Aunque sigo siendo una charlatana sin remedio, y me encante comunicar, me he dado cuenta que el silencio es un bien muy poco apreciado.

Y lo digo en todos los sentidos. La gente (incluyéndome a mí) hablamos demasiado. Hay veces que hace falta el silencio para escucharse a uno, para escuchar tu cuerpo, para escuchar el entorno, la mosca que vuelva a tu alrededor o las ranas que cantan a la distancia. Es importante escuchar el silencio para sentir la tormenta o conectar con otra persona.

Punto 4: Pequeños grandes privilegios

Cada vez me doy más cuenta de cuántas son las pequeñas cosas que damos por hecho y que en realidad son un gran privilegio. Cuando llegamos a Humahuaca yo tenía muchas ganas de comer verduras, hacía bastante tiempo que veníamos comiendo muchas empanadas, pizzas y asados. Me imaginaba un salteado de verduras en la sartén, acompañado de un poco de arroz.

Fuimos a la verdulería y al mercadito, compramos todo lo necesario y fuimos al hostel a preparar la deliciosa cena. Sin embargo, nos encontramos con una cocina que carecía de lo básico para hacer una gran comida: sal y aceite. Es más, me atrevería a decir que sólo con la sal podría haber resultado algo muchísimo mejor. Finalmente cenamos unas verduras cocidas con el arroz, todo bastante insípido (¡que no se ofenda el cocinero, que yo sé que él hizo lo mejor que pudo con lo que había!).

Desayunos ricos en el noroeste de Argentina

Al día siguiente, acampando en Purmamarca nos preparamos esas verduras a la plancha en nuestra mini-cocinilla y una ensalada de tomate. Se me ocurrió que podía ir a pedirle al señor del camping que nos prestase un poco de sal. Él, muy amable, me prestó el salero y me dijo que se lo devolviera luego. Cuando volví a donde acampábamos, pude prever la delicia de comida que nos esperaba, ahora sí, con una pizca de sal por encima y corrí hacia E. con los brazos en alto en signo de victoria. Efectivamente, esa comida la recuerdo como una de las cosas más deliciosas que comimos en el Norte. La sal es un pequeño gran privilegio del que quiero disfrutar todos los días y del que ahora me siento agradecida siempre.

Después, a ese gran privilegio de tener sal, se fueron sumando otros: tener café caliente en el desayuno, poder ponerle un poquito de azúcar o poder comer un poco de pan con huevos revueltos (¡con sal y provenzal!).

Punto 5: El amor incondicional de Tobías

Cuando llegamos a Tafí del Valle, fuimos en busca de un camping. Nos encontramos con que el camping municipal estaba genial, nos encantaron las instalaciones y aunque era un poquitito más caro que el otro, la diferencia merecía la pena.

Nos instalamos y poco a poco se empezaron a acercar los perros que vivían ahí. E. empezó a acariciar a uno que se sentó al lado nuestro mientras preparábamos una parrillada para la cena. Y lo nombró: Tobías. Desde esa noche que llegamos, Tobías fue nuestro. Y con nuestro no hablo de pertenencia, sino de fidelidad y de cariño profundo.

Se sentó a nuestro lado mientras cocinábamos o tomábamos el sol. Al volver por las tardes de nuestros paseos nos recibió con alegría. Por las noches, cuando unos caballos se acercaron demasiado a la carpa, Tobías ladró para ahuyentarlos. Y cuando vio que nuestra carpa desaparecía y que nos poníamos las mochilas al hombro, nos siguió hasta la estación de autobuses y esperó con nosotros durante horas.

Sólo se fue cuando, entre el tumulto de gente que esperaba subir al autobús, nos perdió de vista. Lo vimos alejarse lentamente, creemos que de camino al camping. Esperemos que en busca de alguien más a quien amar incondicionalmente durante los 3 siguientes días, por lo menos.

Punto 6: Las personas

Desde el momento en el que el viaje al norte comenzó, fueron las personas las que hicieron que se convirtiera en algo muy especial. En Rosario, ciudad en la que empezó el viaje, tanto V. como J. hicieron que nos sintiéramos como en casa. V. nos alojó sin conocernos de nada, con casi ningún tipo de aviso previo (la noche anterior) y nos hizo sentir como en nuestra propia casa. J. y su madre nos llevaron a pasear a una cascada preciosa, nos invitaron a comer a su casa y nos llevaron a la estación. Así que, gracias a ellas, el mini-viaje al norte ya empezaba a pintar bien.

Rosario con J. y su mamá

Rosario con J. y su mamá

La familia del tren y el irlandés. Las cinco horas con el camionero que nos llevó desde Tucumán hasta Salta y que, aparte de pararnos en la carretera (cosa que para mí ya es un gran acto de bondad), amenizó el viaje contándonos todo tipo de historias tanto sobre su vida como sobre gente conocida, y después nos dejó lo más cerca del centro que podía.

La gente del hostel en Salta intentando que estuviéramos a gusto, dándonos todo tipo de recomendaciones tanto para la ciudad como para otros lugares de interés. El señor que nos prestó su salero para hacer que nuestra comida se convirtiera en un manjar en Purmamarca. En Cafayate un grupo de amigos (A., V., M. y T.) nos ofrecieron todo lo que tenían, compartimos cenas y charlas y nos aconsejaron visitar lugares que se convertirían en algunos de nuestros favoritos -y a los que probablemente nunca hubiésemos llegado sino fuera por ellos.

Paseando por las cascadas de Cafayate nos encontramos con P. y R., una pareja con la que entablamos conversación espontáneamente y con los que hablamos mucho sobre viajar. En Tucumán, J. compartió con nosotros muchos de sus conocimientos sobre la geografía de la zona, haciéndonos entender un poco mejor lo que habíamos visto.

Rosario con V.

Rosario con V.

En contraposición, me resultó muy complicado conectar con la gente local. Creo que están un poco hartos de recibir a tantos turistas, siempre haciendo las mismas preguntas, siempre queriendo sacar las mismas fotos, siempre yendo a los mismos lugares. Quizá demasiado ajenos a sus vidas cotidianas. Intenté indagar sobre sus vidas y me resultó imposible. Probablemente la velocidad a la que hicimos este mini-viaje no ayudó en nada.

Punto 7: Ciudad de Salta  

Aunque hacía poquito que mis padres la habían visitado y me habían dicho que les había gustado mucho, debo admitir que yo tenía dudas. Después de visitar muchas ciudades europeas a veces es difícil mirar con perspectiva las ciudades en Sudamérica. Salta, sin embargo, fue una gran sorpresa. La ciudad nos recibió con los brazos abiertos, todo resultó sencillo desde que llegamos. Además, había un montón de cosas interesantes para visitar. Las que más me gustaron a mí fueron:

7. 1 El cabildo

Cabildo de Salta

Los cabildos son un tipo de edificio que se encuentra en muchas ciudades latinoamericanas y era donde se concentraban los poderes del Estado durante la colonización española. Ahí ejercían los representantes de la corona española el poder ejecutivo, legislativo y judicial.

En muchos casos, funcionaban incluso como cárceles. El de Salta, es el cabildo mejor conservado y más completo de toda Argentina, dado que muchos sufrieron modificaciones a lo largo de los años. En el que se encuentra en la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se demolieron varios arcos de cada lado para poder hacer las dos avenidas que lo rodean (Diagonal Sur y Avenida de Mayo).

Además del interés propio del edificio, dentro se encuentran el Museo Histórico del Norte y el Museo Colonial y de Bellas Artes. Aunque los museos son un poco precarios en cuanto a la forma de exponer el material que tienen, son muy interesantes para armarse una idea bastante clara de la historia del país y de esta zona en particular.Cabildo de Salta

7.2 Museo de Arqueología de Alta Montaña

El tesoro más preciado del Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM) son las momias de tres niños que fueron encontrados en el volcán Llullaillaco en el año 1999. Pertenecían a la civilización Inca, que tuvo una gran extensión incluyendo territorio de muchos de los actuales países de Sudamérica (Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina). El Estado Incaico estaba dividido en cuatro regiones y su centro sagrado se encontraba en Cusco.

En ocasiones especiales, se enviaba a Cusco algunos niños que eran elegidos por su excepcional belleza y perfección física como representantes de cada región. Allí, se realizaban distintas ofrendas, sacrificios de animales y después se oficiaban matrimonios simbólicos entre ellos.

Posteriormente, se los vestía con los mejores ropajes y, ya de regreso en sus regiones, eran entregados como ofrenda a las altas montañas. La creencia era que los niños se reunían con sus antepasados, que observaban y protegían las aldeas desde las cumbres de las montañas.

Los niños de Salta fueron encontrados a 6.700 m.s.n.m., siendo sus tumbas posiblemente las de mayor altitud del mundo. Aparte de lo impresionante que es encontrar estos cuerpos tan bien conservados por haberse encontrado durante siglos a muy bajas temperaturas, el museo cuenta con una gran explicación de la civilización Inca, su extensión, sus ritos sagrados y la relación entre los objetos encontrados y su significado.

7.3 Templos católicos

Hay tres que me llamaron mucho la atención. El primero, la Iglesia de la Viña solo lo vimos por fuera, pero me resultaron muy llamativos los colores con los que estaba pintada. En la basílica de San Francisco de Asís me resultó muy curiosa la cruz que hay sobre el altar (crucifijo de San Damián), que está pintado sobre tela y pegado sobre madera. Además, la torre campanario es la más alta de Sudamérica con 54 metros de altura. Torre campanario

Además se encuentra la Catedral Basílica de Salta, que nos dijeron que era muy hermosa pero a la que nosotros no pudimos entrar porque coincidió que los días que estuvimos ahí fue la fiesta de la Virgen del Milagro.

Esta fiesta tiene su origen en 1692, año en el que hubo un terremoto muy fuerte en la zona. Cuando los lugareños entraron encontraron a la imagen de la virgen intacta (cosa sorprendente por su tamaño y la altura desde la que había caído) a los pies de Cristo; pensaron entonces que la virgen estaba en posición suplicante a su hijo, pidiéndole por la ciudad.

Cuando pasaron los terremotos y se vio que la ciudad había sufrido muy pocos daños, la gente empezó a realizar una procesión en honor de la virgen. Actualmente, unas 100.000 personas peregrinan caminando, a caballo, en bici… durante los días 13, 14 y 15 de septiembre desde distintas localidades de la provincia de Salta acompañados por la policía y especialmente por personas particulares. Peregrinos en Salta

7.4 Cerro San Bernardo

Era uno de los lugares que nos habían recomendado visitar, especialmente por las vistas que hay de la ciudad. Nosotros teníamos muchas ganas de subir caminando, por el camino y también por el reto físico que supone subir cerros cuando ya te encuentras a cierta altitud.

Cerro San Bernardo

Sin embargo, ese día pasó volando y para cuando íbamos a empezar a subir ya era un poco tarde. Así es que recurrimos al plan B: subir en teleférico. Hay unas preciosas vistas de la ciudad y especialmente de su localización geográfica. Cuando ya recorrimos la zona y empezaba a bajar el sol, empezamos a bajar caminando. Es un camino muy fácil pero bonito, con muchos árboles y que a pesar de estar al lado de la ciudad, es bastante silencioso.

7.5 Peña folklórica “La Casona”

Las peñas folklóricas son locales donde se suele mezclar la comida, la bebida y la música tradicional del campo. En Salta por lo que tengo entendido hay un montón. Supongo que no es imprescindible ir a ésta en concreto, pero como varias personas nos la habían mencionado pensamos que sería una buena opción. Y la verdad es que no nos equivocamos.

Llegamos temprano y nos sentamos en una de las pocas mesas que quedaban libres, casi todas estaban reservadas con anterioridad. Pedimos una parrillada y una ensalada para comer. Cuando estábamos terminando de comer (la comida estaba muy rica y tenía buen precio) se empezó a animar el ambiente.

En una sala contigua a la que estábamos nosotros empezó un grupito a hacer música. Cuando ya habíamos terminado de cenar, un chico que estaba a un par de mesas de distancia se puso a tocar la guitarra y cantar. La gente que estaba sentada alrededor cantaba junto a él, pero su voz tenía tanta potencia y profundidad que parecía ser la única que sonaba.

Nos quedamos sólo un ratito porque al día siguiente teníamos que partir. Pero creo que debe merecer quedarse más tiempo y poder disfrutar de distintos cantantes, de sus estilos y de su forma de transmitir y conservar la cultura argentina.

Datos útiles de Salta

· En el Museo de Arqueología de Alta Montaña (Ciudad de Salta) hay visitas guiadas a la exposición. Nosotros nos la perdimos porque no sabíamos que existía, pero es gratuita. Si tienen carnet de estudiante llévenlo, hay una tarifa reducida que merece la pena.

· Para visitar el cerro San Bernardo (Ciudad de Salta), si se cuenta con poco tiempo se puede subir y bajar en el teleférico que es bastante económico y que además tiene unas vistas interesantes de la ciudad y del mismo cerro. Si se prefiere caminar, el sendero para subir sale detrás del monumento a Güemes.

· La Peña folklórica “La Casona” (Ciudad de Salta) es bastante conocida y muy solicitada, por lo que es recomendable reservar o, en el peor de los casos, ir bien temprano (alrededor de las nueve) para poder tener un lugar donde sentarse a cenar.

*Se encuentran en la Plaza 9 de Julio, el centro de la ciudad.

Punto 8: Velocidad vs Relax

Empezamos el viaje intentando calibrar la velocidad a la que queríamos viajar. Al haber llegado a Buenos Aires no habíamos realmente empezado a viajar. Pero a la vez sabíamos que teníamos los días contados -algo que no iba a suceder en el resto del viaje- y eso nos generaba bastante ansiedad.

Llegamos a Tucumán con la idea de ir hasta Humahuaca, el punto más al Norte de este mini-viaje. Los nueve primeros días no hicimos más que correr de un lado a otro (no literalmente, ¿eh?). No es que tuviéramos que ir a esa velocidad. Íbamos a ese ritmo porque empezar a viajar de verdad nos generaba bastante estrés, porque no queríamos perdernos ningún detalle de los lugares que visitábamos.

Tuve la sensación constante de que el pensamiento era hotel-comida-transporte-hotel-comida-transporte, como el traqueteo del tren. Nos dimos muy poco tiempo para disfrutar de la calma, de la naturaleza, del entorno que nos rodeaba. Nos dimos poco tiempo para hablar con la gente, para conectar.

Después de eso caímos en la casa de unos viajeros en Cafayate y nuestro ritmo cambió radicalmente. Ellos nos hicieron bajar un cambio. Gracias a ellos teníamos el alojamiento solucionado y eso también nos liberó un poco la mente. Relax en Cafayate

Empezamos a permitirnos no verlo todo y no estar todo el día visitando distintas cosas. Al mismo tiempo que esto ocurría, a disfrutar todo muchísimo más. En nuestro siguiente destino (Tafí del Valle), estuvimos 3 días acampando, disfrutamos de dar paseos cortos y comer pollo a la parrilla, jugar con los perros del camping y de ver una película mientras afuera llovía.

Fue toda una liberación encontrar el ritmo que nos hacía bien. Y aunque a veces sigue costando dejar algo sin visitar, habrá que irse adaptando porque elegimos definitivamente el ritmo relax. Relax en Tafí

Punto 9: Las alturas en el Noroeste de Argentina

Desde el principio éste era un viaje a las alturas. Todos los lugares que visitamos -excepto San Miguel de Tucumán- se encontraban por encima de los 1000 m.s.n.m.. De hecho, llegamos a estar a 4350 m.s.n.m. en El Hornocal (Provincia de Jujuy). Y se nota.

Así como los pequeños grandes privilegios muchísimas veces pasan desapercibidos, caminando a esas alturas me di cuenta de que hay cosas incluso más básicas de las que no somos ni siquiera medianamente conscientes habitualmente. Algo tan sencillo, importante y cotidiano como respirar, en algunos lugares puede convertirse en algo muy complicado.

El Hornocal en Humauaca, Noroeste de Argentina

El camino de unos 900 m, que a nivel del mar se caminan sin mayores complicaciones. A esa altura caminar esa distancia supuso un esfuerzo físico, sumado a un esfuerzo mental.
Mientras caminaba pensaba. Inspiro. Entra el oxígeno hasta mis pulmones para después ser distribuido a todo mi cuerpo por la sangre. Inspiro. No es suficiente el oxígeno que entró en la bocanada anterior. Expiro. ¿Estaré eliminando tan poco dióxido de carbono como oxígeno que asimilo?. Inspiro. Siento a mi cerebro reclamando su alimento. Expiro. Inspiro. Y en cada respiración me voy haciendo consciente de la necesidad que tiene mi cuerpo entero y el cerebro especialmente, de esta molécula en la que no pienso ningún día de mi vida.
Quiero recordar esta sensación para después, al volver abajo, al menos de vez en cuando, inspirar bien profundo y agradecer el flujo intenso de oxígeno que me mantiene viva.

Punto 10: Caminar la naturaleza por el Noroeste de Argentina

10.1 El Hornocal (Humahuaca)

V., en Rosario, nos había dado unos folletos de la zona que tenía guardados del viaje que había hecho el verano anterior. Así que antes de llegar ya había algunos puntos a los que sabíamos que teníamos ganas de ir. Uno de ellos era El Hornocal, el cerro de los catorce colores. Apenas lo vi, supe que tenía ganas de ir.

Es por eso que cuando llegamos a Humahuaca averiguamos cómo podíamos llegar hasta ese lugar, ya que está a 25 km de distancia y no era factible llegar a pie (al menos no en un día). La única manera que había de llegar era contratando una excursión: algún local con una camioneta 4×4 que se dedica a llevar a la gente, esperar 15 minutos y volver.

No disfruté esta excursión tanto como esperaba. Quizá porque esperaba mucho o quizá también por los múltiples pequeños engaños para sacarnos más dinero del que habíamos acordado. Eso sí, los colores del cerro no decepcionan. Parece que los hubieran pintado a mano, uno a uno. Y las alturas dejan huella.

El Hornocal

Datos útiles del Hornocal

· Para acceder a El Hornocal (Humahuaca, Provincia de Jujuy) hay que ir en vehículo propio o contratar una excursión (queda a 25 km de distancia de Humahuaca). En caso de contratar una excursión es recomendable tener en cuenta que el precio es por la camioneta llena (si no se termina de llenar, se divide la diferencia) y que después cuando ya se está llegando hay un precio por ingreso (ARS$40 por vehículo).

10.2 Garganta del Diablo (Tilcara)

Llegamos bastante cerca del mediodía a Tilcara. Entre que encontramos un hostel, nos dimos una ducha y arrancamos el camino, ya se habían hecho por lo menos las 3 de la tarde. No es que estuviéramos apurados, pero cuando salimos empezó a soplar un viento muy fuerte que parecía que nos iba a llevar.

Sumado a las pocas horas de luz –por ser invierno- decidimos caminar una hora más o menos y ver hasta dónde llegábamos. Además, estando a unos 3000 m de altura, caminar no es tarea fácil. No llegamos hasta la Garganta del Diablo, aunque por lo que se veía desde el camino parecía bastante espectacular. Sin embargo, el camino en sí es una maravilla.

Varias veces mientras subíamos, me detuve a mirar el paisaje y le decía a E.: “esto es como el Rey León, parece que dominamos el mundo desde este lugar”. Se veía muy a lo lejos los coches pasando, la carretera donde habíamos estado tan solo unas horas antes. Parecía increíble la distancia y la altura a la que habíamos llegado. Antes de darnos la vuelta nos encontramos con un paisaje digno del lejano oeste: una pequeña casa con el caballo aparcado al frente.

Tilcara

10.3 Paseo de los Colorados (Purmamarca)

Aunque en Purmamarca lo que tiene más fama es el cerro de los siete colores, el camino para verlo es muy cortito y la única recompensa es la foto del cerro, que por otro lado no es poca cosa.

Cerro de los Siete Colores

Cerro de los Siete Colores

Aunque para mí fue igualmente espectacular el paseo de los colorados. Éste es un camino que rodea por detrás el cerro de los siete colores y que, como su nombre indica, está repleto de cerros colorados. El contraste de los cerros rojos, con la vegetación verde, el cielo azul y las nubes blancas pintadas en el cielo, ganaron el premio del día. En el camino nos encontramos además con unas cuantas apachetas, montículos de piedras en forma de cono que se realizaban como ofrenda a la Pachamama (Madre Tierra). 

Paseo de los Colorados

10.4 Cascadas de Cafayate (Cafayate)

Aunque en las guías decía que era conveniente ir en taxi y una de las chicas que nos alojaba también nos lo había dicho, nos hicimos los valientes y nos fuimos caminando. No habíamos desayunado nada, no habíamos llevado nada de comer, era un día con sol y bastante calor y en el camino no había una condenada sombra.

Así que después de haber caminado los 6 km que había desde casa hasta el inicio del camino de las cascadas, ya teníamos unas ganas enormes de volvernos. Pero yo no quería rendirme, ya habíamos llegado hasta ahí y, después de todo, si no lo hacíamos ese día no lo íbamos a hacer después. Preguntamos a los guías cuánto nos cobraban y pensamos que era una locura (ARS$40 por persona, por cascada).

Comimos unas manzanas que conseguimos comprar ahí y empezamos a caminar solos, dispuestos a llegar hasta donde tuviéramos ganas. El camino no estaba muy señalizado, pero sabíamos que íbamos en busca de cascadas, así que la clave estaba en no separarse del río. A veces íbamos por la margen derecha o por la izquierda, pero sin dejar de seguirlo. Había cabras y cactus enormes. Vimos un colibrí escurridizo que no tenía ganas de salir en las fotos.

No veíamos ninguna cascada. Llegamos a un lugar donde había una pareja sentada en una roca. No sabíamos cómo seguir y sin saber muy bien cómo nos pusimos a conversar con la pareja. Ellos nos dijeron que estábamos delante de la tercera cascada. El sol ya empezaba a bajar y el camino parecía complicado, así que dimos media vuelta y empezamos a volver. Los 6 km de vuelta, charlando con P. y R. fueron mucho más cortos que a la ida.

Cascadas de Cafayate

Datos útiles de las Cascadas de Cafayate

· Para llegar hasta el inicio del camino a las Cascadas de Cafayate (Provincia de Salta) desde el centro hay alrededor de 6 km. Si tienes tiempo y ganas de caminar, es un recorrido muy fácil. Sin embargo, si vas un poco apurado/hace mucho calor/no te apetece caminar tanto, existe la posibilidad de ir en taxi. Eso sí, pregunta antes de subirte cuánto te cobra por hacer ese recorrido.