1, 2, 3… Buenos Aires otra vez
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Me siento a escribir ahora, después de casi dos meses de haber estado por última vez en Buenos Aires. Creo que ya se me ha ido el efecto terrible que esa ciudad tiene sobre mí. Buenos Aires es una ciudad que, a pesar de todo, no puede pasar desapercibida. Y menos en nuestro viaje. Hemos estado ya 3 veces en ella y un total de 28 días.

Buenos Aires 1. La llegada, el turismo, la adaptación

Para mí Buenos Aires es eso. Llegar, regresar, volver. Especialmente significa reencuentros, personas, momentos. Los primeros días en la ciudad fueron prácticamente dedicados en exclusiva a ver a mucha gente que hacía años que no veía (como ocurre cada vez que regreso). Para E. significaba poner caras a un montón de gente de la que le había hablado, un montón de lugares de los que había escuchado historias.

Mates en Anchorena con gente querida

Mates en Anchorena con gente querida

Cenando con amigos

Cenando con amigos

Volver a ver a la gente que uno quiere después de tanto tiempo suele tener siempre para mí el mismo doble efecto. Por un lado me genera una alegría inmensa saber que a pesar de que muchas veces nos separa no sólo un espacio enorme sino un tiempo enorme, hay gente con la que todo siempre sigue siendo igual. Podemos retomar las relaciones donde quedaron, podemos seguir creciendo juntas a la distancia. Por otro lado, a veces me genera una nostalgia enorme por todas aquellas alegrías que podríamos haber compartido (y que por mi partida no pudieron ser), por todos aquellos momentos malos en los que no pude estar, por todos aquellos buenos momentos en los que sólo pude alegrarme en la distancia. Buenos Aires me enseña que hay gente que estará siempre, que hay cosas inmutables y que hay conexiones tan fuertes que ni el tiempo ni el espacio pueden acabar con ellas.

En Tigre, con Estefi

Hacer turismo en esta ciudad es algo que me resulta terriblemente complejo. Aunque es la ciudad en la que nací, aunque la conozco bastante, me siento extraña y extranjera en muchos sentidos. Decidimos hacer un Free Walking Tour para que nos cuenten un poco de la historia e intentar apreciar lo que, especialmente para mí y no tanto para E., es ya cosa repetida. Conseguimos recorrer algunos lugares.

Edificio de Tribunales

Edificio de Tribunales

Puente de la Mujer

Puente de la Mujer

La Boca

La Boca

Sin embargo, no conseguimos entrar en contacto real con la ciudad. Supongo que E. se ve contagiado por lo que a mí me sucede aquí. Supongo que también los dos acabamos de empezar algo muy distinto de todo lo conocido y eso también nos aterra un poco. No hablamos mucho sobre lo que nos está sucediendo, creo que no terminamos de entenderlo del todo. Sabemos que no estamos bien, pero no encontramos la forma de salir de ahí. Nos ponemos listas mentales de las cosas que queremos hacer. Y no conseguimos hacer casi nada. No encontramos aún el ritmo del viaje, no encontramos las pequeñas rutinas que nos hagan bien.

La adaptación a este modo de vida es muy distinto de lo que imaginé y quizá empezar esta adaptación en Buenos Aires, la ciudad a la que amo y odio a partes iguales, no fuera tan buena idea. Después vuelvo a ver a mis amigos y se me olvida un poco todo.

Buenos Aires 2. La boda

Nunca voy a olvidar el momento en el que me enteré que mi amiga iba a casarse y que yo iba a poder estar ahí. E. y yo subíamos a nuestro hogar, en un tercero sin ascensor, caminando y charlando. Me llegó un audio de mi amiga y me puse a escucharlo mientras subíamos. E. iba por delante. De repente, empecé a hacer mi baile de la victoria (sí, tengo un baile de la victoria) y E. no entendía qué estaba sucediendo. Entramos en casa y yo no podía parar de sonreír, de saltar y de hacer mi bailecito. Cuando me calmé un poco, pude explicarle que yo iba a estar en Buenos Aires para el 1 de octubre, sí o sí. Que él podía hacer lo que quisiera, pero yo sabía dónde quería estar. Así, después de la primera vez en Buenos Aires, nos escapamos por tres semanas al noroeste de argentina. La vuelta a Buenos Aires era inevitable y muy esperada.

El primer evento del que participamos fue el casamiento por civil, el oficial. En principio iba a ser testigo, pero debido a temas burocráticos eso no fue posible. Era la primera vez que estaba en un casamiento y no tenía ni idea de qué esperar. Pero lo cierto es que esperaba algo más parecido a un trámite que a otra cosa. Sin embargo, al parecer es la tendencia últimamente, la juez se implicó bastante y animó a los testigos y a los padres a que dijeran unas palabras a los novios. Después, no tengo la menor idea de cómo, terminé saliendo yo a hablar o algo así. Porque la verdad es que me emocioné tanto al hablar que no duré ni 30 segundos porque después me largué a llorar y no podía parar.

Antes del civil

Antes del civil

El día de la celebración del casamiento nos pusimos nuestras mejores galas (que ya traíamos desde casa, para no estresarnos a último momento con la elección del outfit) y salimos hacia el lugar del evento.

Tuve el honor de hacer parte del discurso de la ceremonia de la boda, junto con otra amiga y un amigo del novio. Esto es más o menos lo que quise decir… No sé si lo dije en verdad, pero que quede constancia de ello:

“Es difícil ser amigo a la distancia. No sólo no puedo compartir los buenos momentos, sino que no puedo darle un abrazo en los momentos malos. Eso quizá es lo más duro. A veces también, a la distancia, es difícil saber cuánto de bien o de mal está tu amigo. A veces hay que estar para saber de verdad. A Eze (el novio) no lo conozco mucho, de hecho nos hemos conocido hace tan solo unas semanas. Supe que era una persona que le hacía bien a mi amiga cuando después de un tiempo de haber estado juntos ella comenzó a ir en busca de sus sueños. De aquellos que había dejado aplazados durante tanto tiempo por distintos motivos. E. la impulsó, motivó y ayudó en todo lo que pudo para que ella consiguiera alcanzarlos. Y para mí, si hay algo que es muestra del amor de verdad es eso. Trabajar para conseguir los sueños, tanto conjuntos como individuales.”

La celebración fue maravillosa. Los muebles, los floreros, los manteles y los centros de mesa. Cada detalle de la decoración del lugar era increíblemente hermosa -y además fue hecha íntegramente por los novios.

Decoración

Me faltan las palabras para describir la alegría que sentí de ver a mi amiga tan feliz, y de poder estar (¡esta vez sí!) a su lado para disfrutarlo como es debido. Bailamos y nos reímos hasta la madrugada. Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien.

Casamiento

Después de la boda nos volvimos a despedir de Buenos Aires para disfrutar primero de siete días por la costa de Uruguay y después de nuestra primera experiencia en WorkAway y mi primer enamoramiento profundo con un lugar.

Buenos Aires 3. Las mudanzas

La última vuelta a Buenos Aires fue más dura de lo que pensaba. Volvimos porque yo quería despedirme de mi primo que se iba a Europa a vivir por un tiempo (intercambio de continentes). Sin embargo, mi alma no estaba allá. No quería volver en realidad. No había sido capaz de despedirme realmente de la Sierra. No sentía que se había terminado nuestro tiempo allá y no tenía ganas de estar en Buenos Aires. La ciudad nos recibió agresiva como siempre, enojada como siempre. Pero también algo vacía: mi amiga ya no estaba (se fue una semana después de volver de Uruguay a vivir a Nueva Zelanda).

Nuevamente volvimos a sumirnos en una especie de agujero negro del que parecía casi imposible salir. Sólo salimos un día de casa para ir al Barrio Chino. El resto del tiempo la pasamos embalando cosas de la casa de mi primo, ayudándolo a hacer valijas, ayudando a recoger la casa donde nos estábamos quedando, E. enfermo en la cama.

Barrio Chino

Lo único que sabíamos que queríamos hacer al salir de Buenos Aires era irnos a Mar del Plata a visitar a una gran amiga de mi madre y a su marido. Pensábamos ir en autobús, porque salir de Buenos Aires haciendo dedo nos parecía una locura. Queríamos salir cuanto antes de la ciudad y sin planificarlo mucho se nos dieron las circunstancias. El viernes por la noche quedamos para cenar con la amiga de mi madre que casualmente estaba en Buenos Aires y nos comentó que se iba al día siguiente para Mar del Plata, que si queríamos podíamos ir con ella. Así que armamos las mochilas corriendo y a la mañana siguiente estábamos listos para despedirnos por última vez (al menos de momento) de Buenos Aires.

¡Hasta la próxima!