4 pasos para aprender a parchar como una profesional
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Hoy a los mandos de el mundo de pe a pa se encuentra Maite, te quiero contar una cosilla que me sucedió estando en Chile y que, aunque rondaba mi cabeza, aún no me había atrevido a hacer, acompáñame y te lo cuento.

Parchar es un término que se escucha entre los mochileros en Sudamérica con relativa frecuencia.

Si te soy sincera yo no la había oído nunca hasta que empezamos el viaje. Así que no te preocupes si aún no tienes ni idea de qué se trata.

Te guiaré a través de un camino de 4 pasos que yo seguí para que, si todo va bien, tú también puedas ponerte a parchar como una profesional. 

1. Conocer a una artesana (o dos)

Para empezar es importante que una o dos artesanas (como fue mi caso) entren en tu vida. 

No sé si siempre es tan fácil como lo fue para mí, pero las cosas sucedieron. Nos instalamos temporalmente en un hostel, a la espera de que el ferry que tomaríamos con rumbo Caleta Tortel saliera la semana siguiente.

Las ideas iniciales sobre lo que haríamos esos días eran variadas, pero se centraban principalmente en conocer todos los puntos de alrededor de Puerto Natales que no habíamos tenido tiempo las dos veces anteriores que habíamos estado por allí. Como casi siempre que pensamos en algo que vamos a hacer, acabamos haciendo algo completamente distinto.

El primero o segundo día que estábamos allí entablamos conversación con dos chicas, a las que habíamos visto en una de nuestras paradas anteriores en ese mismo hostal. Llevaban allí por lo menos 3 semanas y conocían a todos los que iban y venían a las Torres del Paine (como nosotros).

En Chiloé con A. y J. las maestras del parchar

En Chiloé con A. y J. las maestras del parchar

J. y A. eran algo diferentes. J. tenía poco más de 30, pero aparentaba menos por su jovialidad, venía de Francia y hacía ya unos 10 años que andaba por Sudamérica. A., sin embargo, con 23 añitos demostraba una madurez y desenvoltura que sorprendían.

Venía de Colombia y llevaba ya 5 años transitando las rutas sudamericanas. Ella me hacía sentir vieja para viajar y pequeña para afrontar situaciones desconocidas. Aunque fueran diferentes, tenían algo importante en común: ambas viajaban por el continente vendiendo sus artesanías.

2. Introducción al concepto de parchar

Producir objetos con mis manos ha sido siempre una gran pasión, un placer y una manera de hacer terapia. Es algo que me relaja y me concentra, desvía mi atención del resto del mundo para fijarla en un punto en concreto. Todo lo que consiga que no tenga cuarenta y cinco cosas al mismo tiempo en la mente, es bueno.

Un par de meses antes de llegar a Puerto Natales alguien me había dicho que porqué no empezaba a hacer amigurumi, unos muñecos hechos a crochet. Que sería una buena manera de ganar algo de dinero mientras viajábamos. Me ilusioné, compré algo de material y en el tiempo que estuvimos en Bariloche parados me dediqué a diseñar los primeros amigurumi que, en algún momento, intentaría vender. 

A. demostrando su frescura

A. demostrando su frescura

A. me habló de parchar. De cómo era, de sus experiencias en distintos países. Pero ¿qué era parchar? Intuí que consistía en ir a vender nuestras artesanías a la calle. Después definí los bordes, lo que me quedaba entender. Parchar venía de la acción de colocar el parche, como se le llama a la tela que se pone en el suelo y sobre la cual se sitúan los objetos a vender (artesanías).

Ahora, con los conceptos claros, podía seguir adelante.

3. Proposición para trabajar juntas

A. me había ofrecido ir a parchar con ella. Ahí en Puerto Natales, frente a estas dos expertas y con una semana completa por delante, comprendí que hay oportunidades que sólo se presentan una vez. Por más que me invadía un miedo cercano al pánico por lanzarme a lo desconocido, opté por ignorarlo (como hago a menudo) y continuar. Pregunté a J. si le parecía bien que fuera con ambas a parchar al día siguiente, y se mostró contenta de poder introducirme en ese mundo, su mundo.

Me comprometí a salir con ellas. Sabía que si no verbalizaba ese compromiso, probablemente terminaría poniendo alguna excusa para no ir: el frío, el clima, el sueño o cualquier otra cosa.

4. Disfrutar de una experiencia laboral totalmente distinta

El día siguiente llegó. Alrededor de las 3 de la tarde salimos del hostel donde estábamos todos alojados. Dentro de la mochila los muñecos se apiñaban entre el resto del material sin tejer y un par de telas que normalmente tenían otros usos y que hoy servirían como parche.

Caminamos hasta nuestro lugar de trabajo: la salida del supermercado. Y allí nos instalamos con nuestros parches y nuestros productos, una al lado de la otra. Para aprovechar el rato que estábamos allí y de paso matar un poco el aburrimiento, decidí ponerme a tejer.

Mientras tanto hablaba con A. que estaba a mi lado y nos contábamos nuestras experiencias vitales, tan distintas en mucho y tan similares en otras cosas. A pesar de lo distintas que habían sido nuestras vidas ambas buscábamos lo mismo: salud, amor, felicidad.  

Entonces, llegó la primera persona que se acercó a donde estaba con mis muñequitos. Comenzó a preguntarme qué eran. Le expliqué que había un gato, un conejo y un oso. Cuando vio el último me dijo:

– ¡Eso! ¡Eso parece un ratón! ¡Es horrible! ¡Con lo que odio yo a los ratones!

Y se marchó, completamente indignada.

No pude más que reírme. A pesar de que su reacción hubiera sido negativa frente a mis creaciones, había sido tan auténtica que era imposible no reír. Y, cómo no, es un comentario que quedará como anécdota para siempre.

Como si de alguna manera el karma hubiera decidido compensarme por ese comentario negativo, esa tarde vendí unos cuantos muñecos. Nada mal para haber sido el primer día.

Me fue tan bien, que a la mañana siguiente tuve que pasarme horas tejiendo para poder tener algún muñeco para vender por la tarde. Incluso E. tuvo que aprender a realizar una parte del proceso porque yo no daba abasto.

En los días siguientes pasé de sentirme aterrorizada, a desearlo con todas mis fuerzas. En la calle estás expuesta a todas las personas, a todos los comentarios. Hay gente que viene y te dice qué es lo que deberías estar tejiendo o cómo les gustaría más tu producto. Hay quien te dice que lo que haces es horrible y otros que se asombran y te felicitan. Es más, hay quienes se quedan un rato conversando contigo y se interesan por tu vida. Y otros que tienen ganas de contarte la suya.

+1 Descubrir un nuevo método de investigación sociológica

Después de haber pasado varios días con mis dos artesanas favoritas parchando en Puerto Natales, volví a intentarlo un par de veces más en otros lugares del sur de Chile. Y, sin querer queriendo, descubrí que parchar no sólo es fantástico como método de financiación durante el viaje. Descubrí que parchar te coloca en otra posición frente a las personas.

Por más que muchas veces uno quiera acercarse a conversar con cualquier persona en una nueva ciudad, hay ciertas barreras invisibles que a veces son difíciles de traspasar. Parchar te coloca en una posición de igualdad o, incluso, de inferioridad que resultan muy beneficiosas a la hora de entablar conversación. 

Parchando en Chiloé

Parchando en Chiloé

En Chiloé, por ejemplo, estaba parchando en una plaza mientras dos mujeres de la etnia gitana andaban por ahí con sus bebés y pidiendo unas monedas. Se acercaron a mí y me pidieron unas monedas. Les dije que estaba trabajando, que no tenía unas monedas.

Y, entonces, como por arte de magia, su actitud hacia mí cambió completamente. Una de ellas se sentó a conversar conmigo, me contó que tenía 23 años y dos hijos. Me preguntó a ver si yo los tenía y le dije que no. Me dijo: “no tengas, es horrible”. Y me contó sobre ella y su pareja y sus niños y lo loca que la volvían.

Nunca, nunca, nunca hubiera podido conversar con ella si me hubiera percibido como turista europea. Nunca me hubiera contado sobre su vida. Nunca hubiera conseguido aprender al menos un poco sobre cómo es su vida.

Parchar te abre las puertas a la vida de las personas. Y eso me enamoró.

Y tú, ¿has parchado alguna vez? o ¿te gustaría intentarlo?

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Maite y Erlantz

En 2016 decidimos largarnos a cumplir nuestro sueño de realizar un gran viaje. Estuvimos durante 16 meses recorriendo Sudamérica de pe a pa.

Ahora nos dedicamos a ayudar a otras personas que sueñan con hacer un gran viaje mochilero a que lo hagan realidad, y a que sea todo un éxito como fue el nuestro. Si tú quieres conseguir lo mismo puedes descargar nuestra guía gratuita.

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