Relato de un martes 13 en Valparaíso
5 (100%) 2

La idea de que los martes 13 traen mala suerte siempre me ha hecho gracia. Este último martes 13 fue, por lo menos, curioso.

Hace cuatro años que me fui de la ciudad. Aquí tuve en su día una pareja con la que las cosas terminaron mal y no tenía ganas de encontrármelo.

Cuando estuvimos en Santiago nos reencontramos con una pareja de franceses que habíamos conocido en Chiloé (que escriben un blog de viajes en francés: Faim de Voyages).

En alguna de nuestras charlas durante ese día hablamos de comida -algo que no puede faltar en una conversación que se precie entre viajeros- y del sushi en concreto. Cécilia comentó que a ella no le gustaba el pescado crudo y que por eso no le gustaba el sushi.

“Pero hay un montón de sushi en Chile sin pescado crudo y que está riquísimo” le comenté, pensando que no lograría convencerla de nada. Le hablé de un lugar que me encantaba en Valpo y al que yo solía ir mucho cuando vivía allá.

Quedamos en ir juntos cuando coincidiéramos en la ciudad una semana más tarde.

Quizá soy un poco prejuiciosa, pero en general creo que la gente tiene muy definidos sus gustos en cuanto a la comida y es muy difícil hacerla cambiar de parecer.

Así que en el momento pensé que ella nunca querría ir a ese lugar del que yo le hablaba y consideré que era una de esas cosas que se dicen al pasar. Sin embargo, cuando hablamos de juntarnos en Valparaíso, el sushi formó parte del plan desde el principio, para mi sorpresa.

Nos juntamos en la Plaza de la Victoria. Era el último día de ellos en la ciudad, así que el paseo sería por donde ellos quisieran: Cerro Alegre y Concepción. Caminamos por la calle Condell esquivando a las personas, mientras intentábamos conversar sobre nuestros siguientes planes. Llegamos a la Plaza Aníbal Pinto y de ahí subimos al cerro en uno de los tantos ascensores que hay en Valparaíso: el Reina Victoria.

Después de haber vivido en la ciudad un año y medio, me tocaba a mí ser la guía. Siendo tan despistada como soy creo que nunca llegué a aprenderme de verdad las calles. Me sabía algunos recorridos de memoria para poder llegar a los lugares que necesitaba.

Eso hizo que tuviera que guiarme más por la intuición que por los recuerdos reales. Caminamos, conversamos, sacamos fotos. Mientras paseábamos un flash de recuerdos me invadía a cada rincón.

A todos nos agarró hambre y paseando, poco a poco, nos fuimos acercando al lugar de sushi del que yo les había hablado antes. Aún ahí pensé que no querrían decidirse a probar y que cambiaríamos de lugar. Pero los valientes viajeros estaban dispuestos a arriesgarse.

Ahí empezó a entrarme miedo a mí. ¿Y si era un fracaso total? ¿Y si después de cuatro años la comida ya no es lo que era? ¿Y si mi percepción de lo bueno había cambiado y en verdad era un asco? ¿Y si a pesar de seguir gustándome a mí no le gustaba a nadie más?

Con todas estas cosas pasándome por la cabeza nos sentamos en la terraza que tienen afuera ahora (que no había hace 4 años atrás). Y empezamos a mirar la carta. Descubro cuál era mi variedad favorita entre todos los sushi que hacen ahí.

No quiero condicionar a nadie, así que dejo que los demás decidan qué pedir. Nos decidimos por unos rollitos primavera y una tabla de 35 piezas de sushi (que incluye 4 variedades entre las que está mi preferida, ¡yuju!).

Traen la comida y pruebo, para verificar si mis recuerdos estaban equivocados. Y no. Es tan rico como lo recuerdo. Al parecer los demás opinan lo mismo. Bueno, todos no. Timothee que no ha dicho nada, tampoco es muy fanático del pescado y decide probar algunas piezas, pero no se entusiasma y termina comiendo sólo dos o tres.

En cambio, Cecilia se muestra contenta de haberlo probado. Le pregunta a Erlantz la receta para cocinar el arroz y come con ganas y gusto. Me siento satisfecha. Al menos tres de los cuatro que estamos sentados a la mesa estamos disfrutando del banquete.

Mientras comíamos, sin querer mi mirada se escapaba a todos lados, para seguir capturando imágenes de mi Valpo querido. En una de esas por la calle pasó un auto. Era un auto cualquiera y a la vez no. Era el mismo tipo de auto y el mismo color que tenía la misma persona con la que ¡NO quería encontrarme!

Todo sucedió en unos pocos segundos. Al mismo tiempo que yo miraba a la persona que iba al volante, el auto dio un frenazo brusco un poco más delante de donde estábamos sentados comiendo. Entonces alcanzamos a cruzar la mirada el conductor y yo. Su cara de sorpresa me hizo reír. Entonces supe que mis peores temores no se cumplirían. Ya había sucedido lo único que no quería que pasara y me había salido reír. Prueba superada.

Después de ese incidente, continuamos comiendo y riéndonos. A Cécilia le encantó el sushi y yo no podía estar más contenta. Después de comer recorrimos la parte alta del Cerro Alegre. Estuve mucho rato intentando pensar cómo llegar a un lugar que estaba en mi memoria pero que no recordaba cómo llegar. Me fue imposible recordarlo. Lo descubriría unos días más tarde.

Bajamos al plan, caminamos por la plaza Sotomayor y fuimos al puerto. Quise llevarlos a un lugar donde podríamos ver el atardecer, pero nuevamente mi memoria me jugó una mala pasada. Pensé que estaba más cerca de dónde estábamos. Así que caminamos, caminamos y caminamos.

Y llegó un punto en el que estábamos demasiado cansados y Erlantz quería volver para casa. Así que nos despedimos, ellos se iban hacia el terminal de buses para comprar un pasaje a La Serena y nosotros íbamos para el otro lado.

Volvimos a casa, donde estaba Pai, mi amiga. “¿A que no sabes a quién me encontré?” “nooooo, no me lo puedo creer!”

“Y bueno, es martes 13… qué mejor día que este para una cosa así”.

Responsables: Maite Paz Goicoechea y Erlantz Pérez Rodríguez; Fin del tratamiento: Utilizaremos la información que nos proporcionas en este formulario únicamente para ponernos en contacto contigo; Legitimación: Tu consentimiento; Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal; Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido; Contacto: info@elmundodepeapa.com; Información adicional: Consulta la información detallada sobre protección de datos en nuestra Política de privacidad y en el Aviso legal.

Maite y Erlantz

En 2016 decidimos largarnos a cumplir nuestro sueño de realizar un gran viaje. Estuvimos durante 16 meses recorriendo Sudamérica de pe a pa.

Ahora nos dedicamos a ayudar a otras personas que sueñan con hacer un gran viaje mochilero a que lo hagan realidad, y a que sea todo un éxito como fue el nuestro. Si tú quieres conseguir lo mismo puedes descargar nuestra guía gratuita.

En este espacio encontrarás información sobre cómo planificar un gran viaje y toda la información práctica de los destinos que visitamos.

¡DESCARGA TU GUÍA GRATUITA!

Resuelve todas tus dudas sobre el gran viaje mochilero de tus sueños y comienza a caminar hacia él

*

You have Successfully Subscribed!

¡DESCARGA TU GUÍA GRATUITA!

Resuelve todas tus dudas sobre el gran viaje mochilero de tus sueños y comienza a caminar hacia él

*

You have Successfully Subscribed!

¡DESCARGA TU GUÍA GRATUITA!

Resuelve todas tus dudas sobre el gran viaje mochilero de tus sueños y comienza a caminar hacia él

*

You have Successfully Subscribed!

¡DESCARGA TU GUÍA GRATUITA!

Resuelve todas tus dudas sobre el gran viaje mochilero de tus sueños y comienza a caminar hacia él

*

You have Successfully Subscribed!

Share This