Relatos y reflexiones en el paraíso
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Como sabéis, Erlantz y yo estuvimos en Isla de Pascua durante 3 semanas y eso da para mucho. He condensado en este artículo muchas de las anécdotas y pensamientos que no encajaban en ningún lado pero que no quería dejar de compartir. Éstos son los relatos y reflexiones en el paraíso que te queremos contar desde el mundo de pe a pa. 

Historia y origen de mi pasión por la Isla

El último año de la carrera universitaria lo cursé en Chile. Concretamente en Valparaíso. Durante ese año trabajé en un laboratorio con un profesor que gestionaba muchos proyectos al mismo tiempo. Me propuso participar en uno de sus proyectos sobre protección de tortugas y educación ambiental en Isla de Pascua. Y yo me entusiasmé. Creí que sería algo prácticamente seguro y me vi trabajando en la isla.

Obviamente, me equivoqué. El proyecto no salió adelante y no pude viajar a la isla a trabajar en conservación. Y, como estaba mi economía en aquella época y el precio que tenían los vuelos, no podía plantearme la idea de ir por mi cuenta.

Ahu Akivi

Ahu Akivi

Cuando la planificación para ir a Torres del Paine durante el viaje se torció, me agarró una rabia monumental. Pensé que, si uno de mis sueños viajeros pendientes de aquella época (como lo era Torres del Paine) no iba a cumplirse, al menos intentaría hacer realidad el otro (Isla de Pascua).

Dado que el segundo me parecía mucho más irrealizable, al planificar el viaje ni se me había ocurrido ponerlo en los planes. Pero mi furia me llevó a ponerme a buscar pasajes a la isla. Con tanta fortuna que los dos fatores que habían sido limitantes la vez anterior, desaparecieron.

Por un lado, encontré vuelos relativamente baratos (350€) para sus precios habituales (500€). Y por otro lado, teníamos ese dinero disponible, el tiempo y la oportunidad. Así que, en un rapto de locura, compramos los vuelos y nunca me arrepentiré de haber tomado esa decisión.

Un viaje lleno de contrastes

Durante prácticamente el total del tiempo que estuvimos en Isla de Pascua, realizamos un WorkAway, que fue lo que nos permitió quedarnos allí por 3 semanas. Como ya te contamos, el voluntariado fue un poco de explotación laboral. Trabajábamos 5 horas al día a pleno sol y las condiciones en las que estábamos no eran nada buenas. Comida escasa, alojamiento mugriento y con pulgas, ducha de agua fría, lavado de ropa a mano. Muchas de estas cosas no nos molestaba la condición en sí, sino el hecho de que nos hubieran prometido otra cosa.

Sin embargo, cuando llegaba la tarde, la historia cambiaba. Después del trabajo y el almuerzo nos dábamos una ducha de agua fría y nos poníamos nuestras mejores galas para ir a tomar un refresco al único lugar que nos quedaba cerca (a 20 minutos caminando). Íbamos allí principalmente a usar Internet, escribir para el blog (con la ilusión de alguna vez estar al día), escribir a nuestras familias, y disfrutar del lujo. Ese lugar era el Hotel Explora, el más caro de toda la isla. Y aunque sólo fuéramos a tomar un refresco allí todos nos trataban a las mil maravillas.

Y de aquí surge uno de los pensamientos que más me acompañó durante esas 3 semanas. Los contrastes. Es impresionante el poder de adaptación del ser humano. Cómo podemos adaptarnos a cualquier situación, por más extrema que sea y poder disfrutar de ella. La flexibilidad. El poder ser la que labra la tierra y la que se toma una copa de vino en un hotel de lujo. Sin dejar de ser la misma persona. O quizá sacando distintas facetas de la misma persona.

La luz de la isla

Isla de pascua es famosa por sus moais y toda la cultura y misterio que los rodean. No voy a pretender hacerte creer que no son increíbles e impactantes. Pero sin embargo, hubo algo que a mí me generó más inquietud y paz que todo eso. La luz en la isla.

Y, por más que lo he intentando, no consigo encontrar las palabras adecuadas para describirla. Me sale mágica. Pero sé que eso, en el fondo, no dice nada. La sensación que tenía constantemente era la de estar en un sueño o quizás en una película. Los verdes saturados y los amaneceres rosas y naranjas. Los rayos del sol en el campo y sobre el mar. Mis recuerdos de esas semanas están cubiertos por un velo de irrealidad maravilloso.

Amanecer en el interior de la isla

Amanecer en el interior de la isla

Relaciones conflictivas

Desde el primer momento en el que llegamos a la isla nos dimos cuenta de que la relación que existe entre los chilenos del continente y los rapanui, no es del todo buena como norma general. Fue una de las cosas que me tocó un poco la fibra sensible.

Me llamó la atención porque quizá mi ingenuidad me impida entender que la gente, sin conocerse y simplemente por sus rasgos físicos o de nacimiento, puedan juzgarse de una manera tan definitiva. Por otro lado, habiendo vivido en el País Vasco unos cuantos años, es algo a lo que uno termina por acostumbrarse.

En Isla de Pascua pasa algo similar. No pretendo generalizar ni comparar a nivel histórico. Simplemente sentí que era similar visto desde el exterior, siendo ajena a esos sentimientos por venir desde afuera, al igual que me ocurre en el País Vasco.

Volcán Rano Raraku, cantera de moai

Volcán Rano Raraku, la cantera de moais

Los rapanui se sienten invadidos. Ellos no son chilenos del todo. Son chilenos por “imposición” histórica. Y sus tradiciones y sus rasgos tienen mucho más que ver con la polinesia que con Chile en sí. Quieren conservar lo suyo y temen que el paraíso en el que viven sea demasiado atractivo para las empresas que quieren lucrar.

Los chilenos del continente buscan una oportunidad laboral, a veces escapando de situaciones no muy favorables en el continente. Otras veces, vienen a aportar servicios en educación o sanidad que son imprescindibles en la isla.

Los rapanui no quieren a los del conti porque los invaden. Los del conti no quieren a los rapanui porque son un poco brutos, salvajes y rudos.

Quizá si hago esta reflexión es para dejar constancia de que yo creo más en los individuos. Y creo que en todos los lugares hay personas buenas, simplemente hay que darse la oportunidad de conocerse e intentar sacar lo mejor de uno. Seguramente si así lo hiciéramos todos, otro gallo cantaría en el planeta.

Relaciones fugaces

Si bien esto es algo que sucedió a lo largo de todo el viaje, las relaciones que generamos con otras personas en nuestra estancia en la isla fue importante.

Durante el WorkAway convivimos y trabajamos con personas de muchas procedencias, con muchas costumbres distintas e idiomas completamente diferentes. Con algunos compartimos pocos días y con otros varias semanas.

Sé que estando en casa nunca podría considerar a alguien lo suficientemente cercano después de conocerle por dos semanas. Sin embargo, y esto es lo que me alucina, después de dos semanas con algunos de los compañeros del WorkAway, sé que son personas con las que puedo contar (y ellas con nosotros). Es difícil poner esto en palabras. Quizá suene a exageración. Pero será seguramente que durante los viajes se vive mucho más intensamente, que hablamos de cosas muy serias, profundas y personales. Y que llegamos a conocernos a unos niveles que en otras circunstancias es difícil conseguir.

Contradicciones humanas

Posiblemente no haya nada más humano que ser completamente incoherente. Y aunque así sea, no deja de llamarme la atención.

En la isla, los rapanui mantienen mucho de su cultura: el lenguaje, ritos, el trato con los caballos. Sin embargo, son fervientemente cristianos (siendo ésta una religión impuesta por los conquistadores). No únicamente católicos pero sí mayoritariamente.

En la visita al museo es algo que mencionaban en un vídeo. El hecho de que muchos de ellos continúan “rezando” al estilo tradicional, venerando a los dioses de la naturaleza. Y, al mismo tiempo, rezan un rosario o un padre nuestro.

Y estoy segura de que muchos de ellos lo sentirán como lo más normal. Porque al final lo es.

Espectáculo de música tradicional en el Hotel Explora

Popurri

Amé que los campos fueran verdes pero que no lloviera prácticamente durante el día. Habitualmente había nubes solitarias que, durante la noche, descargaban trombas de agua increíbles y se iban. Campos verdes y sin lluvia (lo que yo pido en País Vasco y nadie me escucha).

En la Isla de Pascua deben tener los atardeceres más increíbles que hay. No tengo ni idea si tiene algo que ver con la localización tan aislada, por el clima o por qué, pero nunca he visto algo similar.

Aluciné con la cantidad de historia, cultura y misterios por resolver que hay en un sitio tan pequeñito y tan aislado del planeta. Es un lugar que no te responde las preguntas, te deja con un interrogante gigante sobre la cabeza.

Hay animales “domésticos” salvajes por todos lados. Vacas, caballos y pollos por todas las esquinas. Pero están a su suerte muchos de ellos. Los pollos vuelan escapando de los perros. Los caballos mueren al lado de la carretera sin que nadie recoja sus cuerpos. Y ahí quedan, pudriéndose, poco a poco, para asco y disfrute de los que pasen.

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