Una gran fiesta familiar
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Yo vengo de una familia de dimensiones escasas. Si sumamos la escasez de personas en mi familia con el hecho de que hace ya unos 15 años que mi núcleo familiar migró a otro país (a unos 10.000 kilómetros de distancia), es fácil deducir que las fiestas en familia suelen ocurrir entre mis padres, mi hermana y yo. En alguna afortunada ocasión contamos con la presencia de mi tía o mi primo, y para de contar.

No puedo negar que muchas veces he deseado que la familia fuera un poco más grande o que estuviera un poco más cerca, para que las fiestas de cumpleaños familiares fueran con alguien más que los cuatro locos que nos juntábamos a cenar cada noche del año.

Pero tampoco puedo negar que si bien esas fiestas a veces carecen del componente sorpresa, o novedad, o el entrar en contacto con gente que quizá no vemos tan seguido, tienen algo que estoy segura muchos desearían tener. La complicidad y comunicación que hay entre nosotros cuatro nos hace únicos. Para mí, cada reunión, incluso las más cotidianas de almuerzo de domingo alrededor de la mesa planisferio, son una oportunidad de encuentro con las personas que más quiero.

Si un almuerzo de domingo con ellos es especial, un viaje de 10 días por la Patagonia argentina (descubriendo nuestro propio país) y chilena con mis padres es, nada más y nada menos, que una gran fiesta familiar.

1. LA PREVIA¹: cómo prepararse para el jolgorio

Antes de que llegaran ya empecé a ponerme nerviosa. No porque me pusiera nerviosa el reencuentro, sino porque quería que el tiempo que pasáramos juntos fuera perfecto, que pudiéramos aprovechar al máximo el tiempo para poder recorrer y también para poder disfrutarnos mutuamente.

Con Erlantz trazamos un plan inicial, pero a mí no terminaba de gustarme. Había tres cosas que no me convencían de este plan:

· Había un día entero (por lo menos) del viaje de mis padres en el que ellos estarían solos (y yo no podría disfrutar de ellos)

· Tendrían que manejar un montón de horas por una carretera en no muy buen estado

· Recorreríamos un montón de kilómetros y lo que esperaba al final no tenía tantísimo interés.

Y aunque no me convencían tampoco se me ocurría una alternativa que me gustase más. Le daba vueltas en mi cabeza todo el tiempo (como suelo hacer habitualmente cuando quiero encontrar la solución a algo). Sabía que había una mejor opción, pero no me venía a la cabeza. Sentía que era como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua y cuanto más te concentras en intentar recordarla, menos lo consigues.

Dejé de intentarlo y con una rosa que me regaló alguien y un cartel improvisado en el hostel con unos marcadores de colores partimos al aeropuerto para encontrarme por fin con mis aitas (padres en euskera).

2. EL CARRETE²: cómo disfrutar al máximo en poco tiempo

Cuando llegó el avión corrí de un lado a otro, escondiéndome detrás de unos paneles y espiando a través de los agujeritos para intentar verlos mientras recogían las valijas. Tenía ganas de saltarme todos los controles y correr a abrazarlos. Por suerte no tuve que esperar mucho. El reencuentro fue hermoso. Nos abrazamos los tres muy fuerte. Y, sin más preámbulos, comenzó a correr el tiempo, en un amasijo de días demasiado cortos pero muy memorables.

2.1 El día de los glaciares

Despertamos cuando aún era de noche con el sonido del despertador. Me sentía ansiosa. Había oído hablar tantas cosas de los glaciares…

Después de una hora de viaje aproximadamente, llegamos a Puerto Bandera. Allí nos embarcamos para navegar por el Lago Argentino y ver los glaciares Upsala (el tercero más grande de Sudamérica) y el Spegazzini (el más alto del Parque Nacional Los Glaciares con 135 m de altura). Hacía mucho frío y temíamos que se largase a llover a cántaros como lo había hecho el día anterior.

Navegamos en un catamarán por el Lago Argentino durante un rato. A ratos salíamos afuera, a ratos volvíamos dentro para recuperar la temperatura corporal.Feliz momento familiar

Y casi sin darnos cuenta habíamos llegado a la primera parada de la navegación: el glaciar Upsala. La embarcación se detuvo unos 10 kilómetros antes del comienzo del glaciar por una cuestión de seguridad: es frecuente que, cuando se producen desprendimientos, todo el frente del glaciar caiga a la vez (lo que significa 13 kilómetros de ancho por los 40 metros de altura en volumen de hielo entrando de golpe al agua). Además, estos desprendimientos se producen cada vez con más frecuencia, observándose un terrible retroceso del hielo en los últimos años.

distancia al glaciar Upsala

Debido a la distancia a la que teníamos que estar, lo que disfrutamos fue la observación de icebergs. Aprendí que después de desprenderse del glaciar, el trozo de hielo se queda un buen tiempo oscilando para encontrar el punto de equilibrio. Mientras esto sucede podemos observar la parte que ha estado sumergida que es de un color azul muy intenso. En aquel lugar, rodeada de icebergs gigantes, sentí que me había teletransportado a la Antártida.

Iceberg

De ahí navegamos en dirección al glaciar Spegazzini. Mientras íbamos hacia allá nos refugiamos en el interior del catamarán para recuperar fuerzas y poder pasar más tiempo fuera cuando llegásemos a destino. En lo que se sintió como unos minutos después, ya estábamos delante del glaciar Spegazzini, esta vez mucho más cerca que antes (unos 300 metros de distancia).

glaciar Spegazzini

Salimos al exterior para poder apreciar el glaciar en toda su magnitud. A pesar de estar todos apuchurrados ahí fuera, el frío cortante y glaciar (nunca mejor dicho) se colaba por entre la ropa, por entre las personas, llegando a los huesos. El ruido de los motores de nuestra embarcación y también de la otra que estaba haciendo el mismo recorrido era ensordecedor. Después de un par de vueltas para que todos pudiéramos apreciar las vistas, dimos la media vuelta y comenzamos el regreso a Puerto Bandera.

navegando Lago Argentino

Cuando llegamos al puerto nos subimos a otro transporte que nos llevaría a ver el glaciar Perito Moreno. Mis expectativas estaban altas: todos los viajeros que habíamos conocido que lo habían visitado habían alucinado. Y, como siempre que tengo expectativas altas, también tengo miedo de decepcionarme estrepitosamente como me sucedió en Torres del Paine.

Pero esta vez todo fue distinto. La humanización del lugar no me dolió tanto, sentí que estaba hecha con cierto respeto. La cantidad de gente no era abrumadora. Y los que estaban, en general, respetaban bastante el silencio. Un silencio que, aprendí recién aquí, es imprescindible para sentir un glaciar. Porque lo más alucinante de sentir un glaciar es escucharlo rugir. Quizá por eso, por el ruido de los motores frente al Spegazzini, fue que no lo sentí de verdad. Ahora, frente al glaciar Perito Moreno, sentí la fuerza de la naturaleza, sentí a la Tierra viva, en movimiento. A pesar de las pasarelas y de la gente, me sentí más conectada con el entorno que en casi ningún lugar que había estado antes. Después, el momento tan ansiado de presenciar un desprendimiento, llegó. Y sin querer y sintiéndome muy ridícula, se me escapó una lágrima de emoción por poder compartir ese momento tan especial con la gente que más quiero.

2.2 El día de la cascada

Hacía frío, pero era bastante soportable. Lo que no nos animaba mucho a salir era la lluvia intermitente, que parecía que no iba a dar tregua. Aún así, decidimos hacer aunque fuera un paseo corto para ir entrenando las piernas. Así que nos fuimos al Salto del Chorrillo, una cascada que queda relativamente cerca del pueblo de El Chaltén. 

Salto del Chorrillo, El Chaltén

Y aunque el paseo no fue muy largo, el Salto del Chorrillo nos sorprendió. La cascada era muy hermosa. Pero, muy especialmente, el ambiente alrededor de ella. El agua, que caía con una fuerza tremenda, salpicaba por todos lados, haciendo que todo el ambiente estuviera cargado de humedad, que la pudiéramos sentir sobre la piel, fría y mojada.

2.3 El día que nos acercamos al Fitz Roy

El sol acompañaba. Caminamos más despacio que de costumbre, pero disfrutando al máximo los paisajes y el camino. A medida que íbamos subiendo las vistas eran cada vez más espectaculares. El río serpenteando hasta el infinito. Las montañas elevándose a su lado majestuosas y cubiertas de nieve casi perpetua. Las tonalidades de verde de los árboles, arbustos y pastos.

Fitz Roy, Chalten, Argentina

Y llegando arriba, los premios gordos (en todos sus significados):

1. la vista del Monte Fitz Roy, humeante por la evaporación e imponente como ninguno.

Fitz Roy, Chalten, Argentina

2. unos exquisitos bocadillos de jamón ibérico compartidos en familia.

Fitz Roy, Chalten, Argentina

2.4 Los días que vimos animalitos

Hay cosas que una siempre sabe pero que a veces cuesta traerlas a la parte consciente. En este viaje con mis padres me di cuenta de que probablemente (o seguramente) mi fascinación por la naturaleza tiene mucho que ver con la herencia cultural recibida: a mis padres también les encanta. Y, además, es una de las tantas cosas que E. y yo tenemos en común. Por eso aquellos momentos en los que pudimos observar fauna patagónica o aprender sobre ella, fueron especiales.

Guanaco en Torres del Paine

Guanaco en Torres del Paine

Megafauna

Toninas en la costa

Toninas en la costa

Soplido de una ballena

Soplido de una ballena

Aves en Puerto Natales

Aves en Puerto Natales

3. LA CAÑA³: cómo procesar lo vivido sin tener dolor de cabeza

Después de una buena fiesta, son muchas las veces que tenemos que lidiar con el temido dolor de cabeza. Así, después de estos increíbles 10 días con mis padres había que enfrentarse a la despedida, a la separación. Y aunque ame viajar esos momentos se me hacen increíblemente difíciles.

Y, la verdad, aunque me gustaría haber encontrado una solución, después de muchas despedidas sobre mis espaldas, aún no tengo ni la menor idea de cómo enfrentarme a ellas. Lo único que sé es que si duele tanto separarse es porque hay lazos fuertes, porque nos queremos como nadie. Y que aunque sea difícil la separación, sé que en el futuro habrá un reencuentro.

¹previa: reunión antes de ir a la discoteca.

²carrete: salir de fiesta, a pasarlo bien.

³caña: el malestar después de haber bebido, resaca.