Una semana en la pampa
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Tuvimos la oportunidad de pasar una semana en una estancia en Córdoba, empapándonos un poquito de la vida de campo. Aún hacía frío de invierno y no hubo muchos días soleados para andar por ahí. Sin embargo, nos dio tiempo a descubrir muchas cosas que desconocíamos, nos dio tiempo a tener nuevas experiencias y especialmente nos dio tiempo a empezar a entender el ritmo de la naturaleza.

Como hacía bastante frío casi todos los días, después de tomar el desayuno, encendíamos un fuego en la chimenea. Y si no había muchas tareas por hacer, nos sentábamos delante a leer, escribir, conversar, o simplemente observarlo durante un rato. El fuego, además de calentar, es hipnótico. Hace un tiempito ya les conté que el fuego me había enamorado. Esta vez me di cuenta que es un amor para siempre, que retomaremos de invierno en invierno.

Los primeros días salimos a recorrer la estancia en camioneta y una de las cosas que más nos llamó la atención fue la amplitud, la llanura inmensa, la sensación de infinito y de constancia que da ese paisaje.

De vez en cuando, el horizonte se veía interrumpido por algún molino que se encargaba de llevar el agua a los bebederos de las vacas.

Además, nos sorprendimos al encontrar un montón de especies diferentes. Sí, es cierto que estábamos en el campo y en medio de la naturaleza. Pero estábamos en un ambiente donde las plantaciones son de dos o tres especies como mucho (soja, trigo, maíz) en monocultivos muy extensos. Y este tipo de cultivos reducen muchísimo la diversidad en general y en particular la de las especies autóctonas. Así que pensábamos encontrar muchas menos especies.

Nos encontramos con un montón de aves, desde cotorras o teros hasta rapaces o lechuzas.

También vimos una pequeña culebra. Y nos contaron que en la zona también hay una especie de serpiente venenosa que se llama yarará, pero todavía no era la época en la que salen y no pudimos ver ninguna.

Había también bastante fauna nada salvaje, pero extraordinariamente bonita.

Quizá suene absurdo decir que el ganado fue lo más interesante de todo. Pero la realidad es que fue la única especie de la que aprendimos bastante. Nunca imaginé que sabía tan poco sobre cómo se produce la carne que después encontramos en el mercado. Después de unos días en el campo aprendí que:

  • apenas nacen los terneros, se les cortan las orejas para saber si son machos o hembras. Si son hembras se les hace una marca en la oreja izquierda, y si son machos se les marca la derecha.
  • a veces al nacer, la madre abandona a sus crías. A estos terneros se los llama guachos. Si esto ocurre, entonces deben tomar a otra vaca y separarla de su ternera por un tiempo. De esta manera consiguen que produzca más leche y pueda después alimentar a dos terneros (al propio y al que había sido abandonado por su madre).
  • después de unos meses de lactancia, los terneros machos son separados de las hembras y vendidos para carne. Algunos de estos machos a veces sirven de reposición (para reemplazar si algún toro se ha muerto o está demasiado viejo como para servir a las vacas). Las hembras quedan para reposición y para seguir criando.
  • normalmente las terneras están listas para comenzar su ciclo reproductivo a partir de los 15 meses de vida. Sin embargo, se suele esperar hasta los 21 o 22 meses para que se reduzcan los riesgos que supondría una maternidad más temprana.cuando las terneras van a ser madres por primera vez (primerizas), se intenta conseguir que todas sean fecundadas por los toros. Para ello se juntan a las primerizas con un toro en un mismo espacio durante unos días. A partir del segundo año, las que no han quedado preñadas durante ese período, se las insemina artificialmente con pajuelas de toros ajenos a la finca (que han sido seleccionados por generar terneros de ciertas características y que facilitan el parto).
  • normalmente las vacas de alimentan de alfalfa. Pero hay que tener cuidado porque si comen mucha alfalfa, se les genera una gran cantidad de gases dentro y pueden llegar a morir. Por eso en las fincas se suele mezclar la alfalfa con otras especies de pastura.
  • cuando las terneras tienen aproximadamente un año se les coloca una caravana en la oreja que indica la estancia a la que pertenecen y el número de animal dentro de la estancia, para poder identificarlas cuando sea necesario. Además, se les coloca sobre el cuero una marca específica de cada estancia hecha con un hierro caliente. Si alguien llegara a robar una ternera, podría cambiar la caravana sin problemas, pero esta marca no.

Descubrí también que me encanta andar a caballo. Aunque a mi hermana le fascinó desde muy chiquita, era algo que yo no entendía muy bien. Aparte de que los caballos me parecían unos animales preciosos, y que me encantaba verla a ella tan chiquita ahí arriba, dominándolo todo; no llegaba a entender dónde residía el placer de trasladarse de un lado a otro encima de un pobre animal. Lo probé una vez en Chile y la verdad es que había pasado más miedo que otra cosa. Los caballos iban por unos caminos estrechos y aunque ellos se sentían confiados yo pensaba en que en cualquier momento podíamos irnos para abajo sin nada que nos parara.

Esta vez quise volver a probar, sabiendo que el terreno era diferente y que probablemente no me daría tanto miedo. Y no sólo no me dio miedo, sino que disfruté en exceso lanzándome a galopar, con el pelo suelto y el viento dándome en la cara. Ahora solamente espero poder volver a repetir pronto.

Y cuando el día está terminando, el atardecer sobre el horizonte infinito es un tremendo espectáculo. Desde el color del sol hasta el de la noche. Acaba otro día más en estas tierras de trabajo.

Y, finalmente, empieza la noche.