Viaje por la Ruta 3 argentina: nuestra experiencia a dedo y usando CouchSurfing
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Es en Tres Arroyos donde verdaderamente arrancamos nuestro viaje por la Ruta 3 argentina. Y aunque el objetivo era llegar hasta Ushuaia, disfrutamos de las paradas entre medio, de las charlas con la gente que nos llevó a dedo y de los múltiples CouchSurfers que nos alojaron en el camino.

La Ruta 3 fue un camino que empezamos a recorrer con esperanzas y que terminamos con certezas. Con la certeza de que viajar a dedo no sólo se puede, sino que resulta muy enriquecedor. De que ir haciendo CouchSurfing nos llena de experiencias nuevas, de gente increíble y de formar parte de situaciones impensables. Y también con la certeza de que a veces los detalles más insignificantes pueden significar un mundo.

Así empezamos a recorrer la grandiosa Ruta 3 con sus 2688 kilómetros desde Tres Arroyos a Ushuaia (el tramo que hicimos nosotros).

1. Tres Arroyos

En Tres Arroyos nos estaban esperando Mariana y Alan, pero estaban trabajando aún. Así que nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Nos encontramos con unas enormes y antiguas construcciones que nos encantaron alrededor de la plaza.

Nos sentamos a tomar un refresco en una terraza, para aplacar el calor y para aprovechar que tenían Internet. Aquí fue donde empezamos a notar la diferencia con la gente. Notamos que nos atendían con más amabilidad y más tranquilidad. La gente estaba sonriente, se la notaba tranquila y nada alerta. Esta sensación nos gustó.

Nos levantamos de la mesa para ir a la plaza a esperar que se hiciera la hora. Mientras E. se dedicaba a sacar fotos de los alrededores, yo me eché a dormir una siesta –cosa impensable en otros lugares. Se hizo la hora de recoger y caminábamos atravesando la plaza. Entonces un chico nos empezó a dar conversación. ¡Qué lindo que la gente te hable por la calle! Nos preguntó de dónde éramos y hacia dónde íbamos. Hablamos un rato y le contamos que escribíamos un blog contando nuestras experiencias.

Emprendimos camino hacia la casa con las energías viajeras renovadas. Cada situación las había ido recargando: el viaje en auto con Laura hasta Necochea, hacer dedo con gente tan amable, tomar un refresco y que nos atendieran tan bien. Pero la conversación con alguien en la calle fue el broche final para recargar las pilas. Lo que nos faltaba aún para terminar un increíble día como aquel era llegar al hogar de Mariana y Alan. Aunque fue una pena habernos quedado tan poquito tiempo con ellos (sólo una noche), pudimos disfrutar de compartir una pizza riquísima y especialmente muchas conversaciones sobre la vida y los viajes. A la mañana siguiente nos preparamos para salir y Alan se ofreció a acercarnos en auto hasta un buen lugar para hacer dedo. Así que alrededor de las nueve estábamos colocados nuevamente en la carretera, con nuestros ojos puestos en Viedma.

2. Tres Arroyos – Viedma

Este tramo de la Ruta 3 es en el que más vehículos tuvimos que tomar. Una gran parte se debió a nuestro desconocimiento sobre el flujo del tráfico. Es lo que tiene ser principiantes. Todos los camiones hacen una ruta que es más corta que la Ruta 3 y que está en mejores condiciones (Ruta 22 y 251) que pasa por Conesa. Sin embargo, nosotros ya habíamos acordado que iríamos a la casa de Manu y además nos habían dicho que era lindo de conocer Viedma y Carmen de Patagones. Así que decidimos lanzarnos a llegar a Viedma.

2.1 Vehículo 1: el camión que maneja Sebastián

Tiempo de espera: 11 minutos

Recorrido: Tres Arroyos – Bahía Blanca

Veníamos con las pilas cargadas del dedo del día anterior. Así que nos colocamos donde nos dejó Alan y la magia ocurrió rápido. Once minutos después paró Sebastián, que iba hasta Ushuaia para llevar telas. Él fue el que nos habló sobre la ruta más corta que tomaban los camiones y nos aconsejó que nos desviásemos también. Pero ya habíamos decidido ir hasta Viedma, así que se ofreció a dejarnos después de Bahía Blanca, donde él tomaría la Ruta 22.

2.2 Vehículo 2: el camión que maneja Jorge

Tiempo de espera: 14 minutos

Recorrido: Bahía Blanca – Pedro Luro

Subimos al camión de Jorge y él nos explicó porqué en esa zona casi no había casi ganado ni plantaciones. La cuestión es que en esa zona llevaban casi 4 años en los que había dejado de llover como lo hacía anteriormente. Como consecuencia, los suelos se habían secado tanto que se había empezado a formar una especie de médanos, similares a los que hay en un desierto. Recién el último año había llovido un poco más y la zona había empezado a recuperarse.

2.3 Vehículo 3: el auto de Cecilia

Tiempo de espera: 33 minutos

Recorrido: Pedro Luro – Villalonga

Cecilia es una chica joven. Acaba de terminar hace poco la academia para ser policía, sigue la tradición de la familia. Su padre también es policía. Él no quería que ella fuera a la academia, cree que ella podría tener una mejor vida haciendo otra cosa. Sin embargo, ella sabe lo que quiere y fue a por ello.

Va de camino a Villalonga al cumpleaños de una amiga. No se ven muy seguido, es una amiga de la infancia. Pero hace poco fue el cumpleaños de Cecilia y su amiga fue a su celebración, así que ahora quiere ir a visitarla.

Sentía curiosidad por nuestro viaje. Le contamos lo que estábamos haciendo y lo que pensábamos hacer en el futuro. Al despedirnos nos pidió a ver si podía sacarse una foto con nosotros. Nos sentimos rock stars.

2.4 Vehículo 4: el camión de Raúl

Tiempo de espera: 0 minutos

Recorrido: Villalonga – Ströeder

Bajamos del auto de Cecilia y mientras estamos descargando nuestras cosas vemos que se acerca un camión. No demasiado esperanzados, pero un poco a la desesperada, alzamos el dedo. El camión se detiene unos metros más adelante. Raúl nos ofrece alcanzarnos hasta Ströeder, donde él tiene que dejar unos bidones de agua y limpiar el camión.

Raúl es un señor mayor que conduce un viejo camión que es suyo. Le encanta pescar y nos cuenta que Bahía San Blas es un lugar ideal para hacerlo. Tiene mucha conversación y muchas ganas de ayudar. Nos avisa que después él va hasta Viedma, que nos deja en la ruta y que, si al volver a pasar aún nos encuentra por ahí, que él nos acerca hasta nuestro destino, que no nos preocupemos. Aunque ya es un poco tarde, eso nos da tranquilidad.

2.5 Vehículo 5: el auto de una pareja

Tiempo de espera: 15 minutos

Recorrido: Ströeder – Viedma

Ellos habían tenido que ir hasta Bahía Blanca al médico, porque era lo más cercano que tenían para el tipo de atención que necesitaban. En el último tiempo habían tenido que ir bastante seguido porque él no se encontraba muy bien de salud, así que habían tenido que hacer el trayecto de unos 280 km unas cuantas veces ya. Se lo tomaban con filosofía, porque en realidad no les quedaba otra manera de hacerlo.

Cuando estábamos llegando a Viedma vimos un atardecer increíble (del que no hay fotografías) pero que quedará grabado para siempre en nuestras memorias.

Cómputo final del día: 470 kilómetros recorridos y 1.13 hs de espera en 5 vehículos

3. Viedma

Desde la estación de autobuses de Viedma, donde nos dejó esta pareja, nos tomamos un taxi hasta la casa de Manu. Ella justo había salido, pero la vecina nos vio esperando y nos avisó que volvía en un ratito. Así que esperamos tranquilamente al lado de la casa hasta que ella apareció.

¿Cómo definir a una mujer como ella? Joven, revolucionaria, feminista, preocupada por los problemas sociales y dispuesta a hacer lo que sea para conseguir el cambio. En verdad me removió las entrañas. Me sentí de muchas maneras identificada con la Maite de hace unos años.

Llegamos un viernes y al día siguiente era el cumpleaños del padre de Manu y nos invitó a que fuéramos con ella. Nos encontramos con una celebración donde estaban: el festejado, su mujer, sus dos hijas, la pareja de una de ellas y su bebé. Un festejo puramente familiar. Y, en el medio, nosotros. Comimos asado y guacamole mexicano (la mujer es de allá).

El domingo salimos a dar una vuelta. Salimos de la casa de Manu y llegamos hasta un supermercado. Entramos con la intención de comprar algo para comer y nos quedamos un rato más del esperado porque fuera hacía tanto calor que nos arrastrábamos por la calle. El bochorno era insoportable. Compramos para hacernos unos sándwiches y nos sentamos en algún lugar a comerlos. Caminábamos 3 cuadras y teníamos que parar a sentarnos. Paseamos por la costa del Río Negro, el que separa Viedma de Carmen de Patagones (ciudad que se encuentra justo en frente) y que marca el inicio de la Patagonia Argentina. Había mucha gente bañándose en el río, intentando refrescarse.

Ahí nos reencontramos con Manu y decidimos pasar a Carmen de Patagones en una lancha. Nos subimos a la lancha y apenas ésta comenzó a andar el viento cambió, empezó a soplar fuerte, la temperatura bajó como 10 grados y pudimos intuir que pronto comenzaría la tormenta. Pero ya estábamos cruzando así que fuimos de todas formas.

En Carmen de Patagones paseamos por la zona antigua, bastante pintoresca. Después, con la intención de refugiarnos de la lluvia, Manu llamó a unas amigas que nos invitaron a su casa. Así pasamos toda la tarde tomando tereré (mate cebado con jugo de frutas bien frío) y conversando sobre la vida, los viajes, los estudios, las relaciones.

El lunes era el día libre de unos cuantos amigos de Manu que trabajan en el sector de hostelería. Así que nos invitaron a que fuéramos a hacer un paseo por la costa del mar. Fuimos en auto hasta La Lobería, un pequeñísimo pueblo en la costa donde se encuentra la comunidad de loro barranquero más grande de Sudamérica. Y donde, además, tienen un área protegida con lobos marinos.

donde habita el loro barranquero

Aquí es donde habitan los loros barranqueros

Cuando ya estábamos por volvernos, algunas chicas dijeron que una amiga se había hecho una casa por ahí y que podríamos intentar encontrarla. Con las pocas referencias que tenían sobre cómo era la casa, empezamos a recorrer las calles de La Lobería en coche. No parecía que hubiera nadie en ninguna casa. De repente, pasamos al lado de una casa donde parecía que había gente y pudieron reconocer a su amiga saludándoles desde la ventana. Nos invitaron a pasar y tomar unos mates. Ella y su pareja, ambos artesanos y viajeros, se estaban construyendo la casa con sus propias manos. Intercambiamos datos sobre lugares y construcción en barro. Fuimos a contemplar la costa, que se veía así:

Después volvimos a Viedma cantando.

Y aunque ya hacía algunos días que habíamos entrado en la Patagonia, fue este día cuando nos presentaron oficialmente al viento patagónico.

-Viento patagónico, te presentamos a Maite y Erlantz.

-Chicos, éste es el viento patagónico. Los va a acompañar un ratito en su viaje, así que más les vale hacerse amigos.

viento patagónico

Ya les iremos contando cómo ha sido nuestra relación, pero podemos ir diciendo que no fue nada sencilla.

4. Viedma – Las Grutas

Todos nos dijeron que salir haciendo dedo de Viedma era algo sencillísimo. Que había mucho tráfico y que la gente paraba. Nosotros habíamos tenido hasta el momento sólo experiencias buenas y todo había resultado bastante sencillo. Así que no dudamos que esta vez sería igual. Pero… nos equivocamos bastante.

Nos colocamos afuera de la estación de servicio que era el lugar donde nos habían dicho que era un buen lugar para hacer dedo. dejamos nuestras cosas y empezamos a hacer dedo poniendo todas nuestras energías en cada coche que pasaba. Diciéndonos “éste va a parar”.  En algún momento una persona paró y nos dijo que nos llevaba cinco kilómetros más adelante al cruce, pero nuevamente el desconocimiento nos jugó una mala pasada, y pensando que quizá más adelante el lugar sería peor que donde estábamos le dijimos que no. Después nos arrepentiríamos bastante de haber tomado esa decisión. Pero de todo se aprende.

Pasó una hora y aún no habíamos perdido la esperanza de que alguien nos fuera a parar. Aunque hasta el momento no habíamos tenido que esperar en general tanto tiempo, sabíamos que era una posibilidad. Así que sacamos del tupper las empanadas que nos habíamos comprado la noche anterior y comenzamos a comerlas. Las empanadas se terminaron.

Pasó otra hora y aunque ya estábamos un poco cansados de esperar y, especialmente, de toda la energía que le poníamos a cada auto (cuando pasaba 1 auto por segundo), seguíamos teniendo esperanzas. Decidimos sacar el mate, para ver si quizá alguien simpatizaba con nosotros por estar tomándolo. Y, de paso, para hacer algo para pasar el rato. El agua para el mate se terminó.

Pasó otra hora más y ya empezamos a pensar planes alternativos y tiempo límite para estar en ese lugar. Lo bueno era que podíamos volver a la casa de Manu. Lo malo era que ya nos estaba esperando Vero en Las Grutas y no queríamos dejarla plantada. Ya no teníamos nada para matar el tiempo.

Pasó otra hora y ya habíamos decidido esperar máximo otra hora y sino encarar hacia la estación de autobuses. Aunque el cansancio iba calando, conseguimos mantener la energía positiva y pensar que en esa hora alguien sí que iba a parar.

Pasaron 15 minutos más. Entonces, una mujer que iba sola en su coche hizo contacto visual conmigo y unos metros más adelante puso el guiño y se detuvo al costado de la ruta. Corrí hasta el auto para poder hablar con ella. Abrí la puerta del copiloto.

-Tengo mucho miedo, tengo mucho miedo de hacer esto, tengo mucho miedo -me dijo ella.

Yo sólo pude decirle: somos buena gente.

-Dale, los llevo.

Nos subimos al auto y comenzamos a conversar. A pesar de todo su miedo por levantar a mochileros en la ruta, Vero paró porque su hijo de 21 años este verano se iba al sur de Argentina a hacer un viaje con 2 amigos. Ellos pensaban también viajar a dedo. Aunque no lo dijo tal cual, creo que para ella era una manera de dar lo que esperaba que su hijo recibiera en su viaje. Ella nos acercó hasta el cruce de Conesa, el mismo lugar al que el otro hombre nos habría llevado si le hubiéramos dejado.

Llegamos al cruce y nuevamente colocamos nuestras cosas. La única -y no pequeña- diferencia con el otro lugar donde estábamos era que no pasaban casi autos. Podría esto verse como una desventaja. Pero después de habernos pasado cuatro horas poniendo todas las energías en el dedo, esto resultaba un descanso. Yo me senté a leer y E. se puso a sacar fotos.

esperando haciendo dedo

Escuchábamos a los autos antes de verlos aparecer. Y cuando veíamos que encaraban hacia nuestro lado (muchos pasaban de largo), yo me levantaba y ambos hacíamos dedo. En el peor de los casos que nadie parase, había espacio para poner la carpa y teníamos algo de comida para cocinarnos. Así que esperamos ahí una 1.05 horas y entonces paró un auto. Eran un hombre y una mujer que iban a Las Grutas a una reunión.

5. Las Grutas

Llegamos en un rato a Las Grutas. Nos dejaron en la entrada del pueblo, así que cargados con nuestras mochilas tuvimos que caminar como unas 10 cuadras (equivalente a un kilómetro más o menos). Llegamos a la casa de Verónica y ella estaba dando clases ahí. Dejamos nuestras cosas y ella nos convidó un vaso de agua y un paquete de galletitas que sabían a gloria. Y salimos a dar un paseo.

La primera impresión del lugar fue buena. Las construcciones, todas de color blanco, nos recordaban a la costa del sur de España. Había una especie de línea de estilo que muchas de las edificaciones seguían. Eso le daba una linda imagen. Paseamos por la costanera. Habíamos salido sin la cámara de fotos y seguramente por eso también disfrutamos el doble del increíble atardecer de ese día. Nos sentimos felices de haber llegado.

Volvimos a la casa de Verónica y hablamos sobre qué podíamos hacer de cenar. A ella no le gusta cocinar y a nosotros se nos notaba cansados. ¿Les gusta el marisco? -nos preguntó. -¡Claro! -contestamos con cara de extrañeza, sin entender a qué se refería. Bueno, yo los invito a una mariscada -continuó. Así que salimos a la calle y entramos en el restaurante más cercano, que ella ya conocía. No sé si existe la manera de expresar el agradecimiento para situaciones como ésta. 

Al día siguiente salió un sol hermoso. Calentamos agua para el mate, nos vestimos y salimos a comprar algo de comer para ir a desayunar a la playa. Las grutas que se encuentran en la costa son las que le dan el nombre a este pueblito que está poco poblado durante el año, pero que se plaga de turistas durante el verano. Aquí veranean los que viven más al sur y los que están del lado de la cordillera. Paseamos por las grutas, comimos medialunas y nos tiramos un rato a tomar sol.

tomando sol

las grutas

A la tarde caminamos por la playa hasta el final, donde nos sentamos a tomar un rico mate mientras atardecía. Nos sentimos privilegiados de poder disfrutar esos momentos.

Cenamos y compartimos con Verónica. Hablamos sobre la vida y viajar. Ella nos habló sobre una pareja que andaban viajando con un montón de juegos de mesa. Nos enseñó su página web y consiguió entusiasmarnos con lo que ellos hacían. Fue un dato que quedó en nuestras cabezas y que más adelante volvería a resonar con fuerza.

El día siguiente fue momento de partir. Nuestro siguiente destino sería Puerto Madryn donde nos esperaban Erica y Agustín.

6. Las Grutas – Puerto Madryn

Salimos de la casa de Verónica con pena. Sentimos que había sido poco tiempo el compartido. Pero esperábamos en algún momento volver a coincidir. Caminamos unas cuadras hasta colocarnos a la salida de Las Grutas. Sabíamos que no era el mejor lugar, porque no enganchábamos a todo el tráfico que salía de allí y tampoco a los que pasaban de largo. Sin embargo, teníamos la esperanza de que alguien nos sacara desde allí hasta la Ruta 3, para después comenzar a ir hacia nuestro destino aquel día: Puerto Madryn.

Después de 22 minutos de espera llegaron Daniel y Juana. ¿A dónde van? A Puerto Madryn. Nosotros también, los llevamos. Ellos eran de Santa Fe. Estaban yendo a Puerto Madryn a ver a su ex nuera (la ex mujer de su hijo) y a su nieta. A pesar de que su hijo estaba separado, ellos sentían a esta mujer como una hija más y la querían un montón. Habían entrado a Las Grutas porque se habían equivocado. Pasaron la noche en algún punto intermedio -porque hacer todo el camino desde Santa Fe a Puerto Madryn en un día es imposible- y cuando debían haber continuado por la Ruta 3, no se dieron cuenta y tomaron el desvío hacia Las Grutas. Nos comentaban, además, que normalmente no solían parar a mochileros pero que les habíamos dado buena impresión. Nos bajamos en la plaza de Puerto Madryn y nos abrazamos fuerte. A veces, todo fluye.

7. Puerto Madryn

Avisamos a Erica que habíamos llegado y ella nos vino a buscar. Agustín estaba trabajando todavía. Ellos son una pareja adorable. Ella es profesora de Historia y él chef (¡como E.!). Se conocieron porque la madre de él es compañera de trabajo de ella. Se nota que se quieren mucho y que se hacen bien. Eso es hermoso de ver. Nosotros fuimos las primeras personas que alojaron a través de CouchSurfing.

En Puerto Madryn:

# Tuvimos nuestro primer (y último) día de playa del verano sudamericano. El primer día compramos empanadas y fuimos a la playa a comer. Comimos, charlamos y nos bañamos en el mar. La segunda vez estuvimos un rato pero el viento patagónico nos echó.

día de playa en Puerto Madryn

# Agustín nos mimó cocinando para nosotros uno de sus platos estrella: risotto de riñones.

risotto de riñones

# Fuimos hasta El Doradillo, lugar donde en temporada se puede hacer avistamiento de ballenas desde la costa. Erica nos llevó hasta el lugar donde en temporada se pueden ver ballenas desde la costa. Porque sí, a pesar de todas las ganas que teníamos de llegar a Puerto Madryn, no fuimos lo suficientemente listos para planificar llegar dentro de la temporada. Es más, llegamos como una o dos semanas tarde. En la playa de El Doradillo pudimos visitar unas grutas que se forman por la erosión y que se pueden ver sólo con la marea baja (o entrando en kayak con la marea alta).

el doradillo

La playa de El Doradillo

Grutas en El Doradillo

Grutas en El Doradillo

# Visitamos una feria de artesanías locales, que se realiza una vez al mes. Había de todo, pero lo que más nos llamó la atención fue:

plantas dentro de corchos

# Aprendimos (¿?) a jugar al tejo. Podría decirse que E. aprendió a jugar y que yo entendí las reglas. Es un juego de puntería, y la mía es completamente desastrosa.

# Cenamos en familia. Nos invitaron a cenar con la familia de Agustín, donde conocimos a sus padres, a su hermano y la novia, y a una pareja de amigos de la familia. Comimos unas empanadas caseras que estaban deliciosas.

# Visitamos Gaiman. Erica y Agustín nos llevaron a pasar el día a Gaiman, un pueblito típicamente galés que queda relativamente cerca de Puerto Madryn (81 km). Y aunque el plan más común es ir a tomar el té al estilo galés, nosotros nos fuimos a comer una parrillada.

# Conocimos en Museo de Paleontología de Trelew. A la vuelta de Gaiman pasamos por la ciudad de Trelew y fuimos a visitar el museo. Aprendí que esta zona hace mucho tiempo estaba cubierta por el mar y posteriormente era una selva tropical. A partir de la formación de la cordillera de los Andes, el clima cambió completamente haciendo que esta zona sea tan árida como es.

se acercaba la Navidad - viaje por la Ruta 3

Se acercaba la Navidad

# Compartimos con Santi y Xenia (el hermano de Agus y su novia). Estuvimos en su casa y nos contaron sobre algunas de las experiencias que habían tenido con CouchSurfing. Ellos eran los que les habían contado a Erica y Agustín sobre la red. Nos cargaron las pilas en cuanto al blog.

# Fuimos a una feria con música en directo y actuaciones de improvisación.

# Terminamos nuestra visita a Puerto Madryn comiendo un cordero hecho al chulengo. Ésta es una parrilla originalmente hecha con los barriles desechados del petróleo, que es tan abundante en esta zona. La ventaja que ofrece además para hacer asado en esta zona es que se puede tapar y así evitar los desastres que podría causar en cualquier parrilla normal el bendito viento patagónico.

Cordero al chulengo

Por la cantidad de cosas que pudimos vivir esos días parece que hubiéramos estado mucho más tiempo. Fueron sólo 4 días, pero intensos y deliciosos.

Pero esto no fue todo… la Ruta 3 nos deparaba mucho más aún.

8. Puerto Madryn – Caleta Olivia

El día que decidimos salir de Puerto Madryn no hacía el mejor de los climas. Estaba nublado, había algo de viento patagónico y amenazaba con empezar a llover en cualquier momento. Los chicos nos acercaron hasta la estación de servicio y ahí nos colocamos a esperar. Cada minuto que pasaba sentíamos más frío. La Patagonia estaba dándonos la bienvenida a su manera. Después empezó a chispear.

Por suerte la espera no fue muy larga, 19 minutos después de habernos puesto allí, vimos un camión que estaba dando la vuelta dentro de la estación de servicio y le hicimos dedo, sin muchas esperanzas. Y paró. Era Fabián. Aunque llevaba ya 20 horas sin dormir, le dimos pena los dos ahí bajo la lluvia y decidió continuar viaje en lugar de parar a descansar, y llevarnos de paso. Como venía siendo usual la suerte nos acompañó: Fabián iba a Caleta Olivia, lugar al que pensábamos llegar ese día.

Sufro de un problema grave al hacer dedo. Cada vez que entro en algún tipo de transporte, me entra una terrible somnolencia, que no siempre soy capaz de combatir al 100%. Sé que eso es un problema especialmente cuando uno viaja a dedo, donde es más que recomendable -casi obligatorio- dar charla al conductor. Pero esto se incrementa a un problemón, cuando el conductor que te lleva, ha estado nada más y nada menos que 20 horas sin dormir (y tú acabas de despertarte y salir de una cama calentita y cómoda).

Las primeras horas de viaje con Fabián fueron difíciles para mí. Intentaba todo el tiempo mantenerme despierta, pero era complicado. Para combatir el sueño intentaba entablar conversación, pero él estaba extenuado y se notaba. Cada pregunta que le hacía, contestaba con un par de palabras a lo sumo. Y yo ya no sabía qué más preguntar. Y esa misma situación estaba generándome más cansancio y por ende más ganas de dormir aún.

estepa patagonica guille giagante - viaje por la Ruta 3

El paisaje tampoco es que ayudase mucho. La estepa patagónica es de una inmensidad tremenda y horriblemente homogénea. Y más especialmente en este tramo. La poca vegetación no supera los 20 centímetros de altura. No hay ni un solo árbol. Los colores son marrones y algún verde muy oscuro, casi negro. No veíamos siquiera guanacos (que se suelen ver por esta zona) o nandúes. Hubo algún momento en el que sin querer queriendo, el sueño finalmente me venció. E. mientras tanto, como un campeón, continuó la difícil tarea de dar conversación sin parar.

Hacia el mediodía comenzó a salir la charla sobre dónde comeríamos. Y yo, así como quien no quiere la cosa, le dije varias veces a Fabián que si quería que se durmiera una siesta, que nosotros no teníamos inconveniente. En verdad, rogaba para que el hombre se acostase un rato a dormir.

Fabián nos contó que él solía parar en un restaurante, un  lugar donde daban un menú rico y económico. Y después de mucho esperar finalmente llegó el momento de sentarse a comer: una empanada y pasta con carne. Y después llegó el otro momento tan ansiado, la siesta. Como el camión era muy grande, nosotros nos recostamos en la cama de abajo y él abrió la litera y se acostó arriba. Pusimos el despertador y nos pidió que en una hora más lo despertáramos.

Nosotros también nos quedamos dormidos, pero el hombre cayó rendido. Así que después de una hora de siesta nos levantamos con el sonido del despertador. Pero Fabián no se despertaba. E. empezó a poner todos los sonidos distintos que tiene el celular, para ver si conseguía despertarlo con alguno de ellos. Después de haber estado un rato intentándolo, finalmente despertó y volvimos a la ruta.

Justo después de Comodoro Rivadavia, un compañero de Fabián llevaba más de un día parado porque su camión se había quedado sin frenos transportando maquinaria de gran tamaño . Así que él paró para intentar ayudarlo en la reparación, o con lo que pudiera. Finalmente, después de 12 horas de viaje para hacer 500 kilómetros, llegamos a Caleta Olivia cuando ya estaba anocheciendo.

9. Caleta Olivia

Estábamos agotados, pero nuevamente el viaje nos sorprendería. Lilian nos estaba esperando. Pasamos 3 días en Caleta Olivia en los que:

  • Cenamos empanadas de carne que Lilian había encargado y con las que nos estaba esperando. Después de 12 horas de viaje en camión por la estepa patagónica (bien agónicas), fue lo más hermoso que podía pasar.
  • Dormimos en una de las camas más cómodas de todo el viaje.
  • Paseamos por la ciudad y descubrimos que no tiene mucho atractivo turístico.
  • Me corté el pelo de forma un poco radical:

  • E. cocinó un risotto exquisito y cenamos con la familia de Lilian.
  • Bailamos salsa.
  • Leímos, escribimos y descansamos mucho.
  • Lilian sacó un rato entre sus horas de trabajo para llevarnos a ver los lobos que están en la playa. Aquí es donde los tuvimos más cerca en todo lo que va de viaje.

lobo marino - viaje por la Ruta 3

lobos marinos

10. Caleta Olivia – Comandante Luis Piedra Buena

Era un día de semana, así que antes de salir a trabajar Lilian nos acercó al lugar donde tendríamos que hacer dedo. Llevábamos un rato ahí y empezamos a recordar que habíamos leído en alguna parte que Caleta Olivia era un agujero negro, donde muchos se habían quedado estancados sin poder salir. Y después de la experiencia que habíamos tenido en Viedma nos entró el miedo. Claro que no llevábamos tanto tiempo ahí.

De repente vimos que se acercaba un camión. E. dijo que era demasiado pequeña la cabina y que no entraríamos. Yo le dije: él sabrá. Y unos metros más adelante se detuvo Manu. Éste fue sin duda uno de los trayectos más entretenidos que hemos hecho a dedo, al menos hasta el momento. Manu nos contó un montón de historias locas que parecían sacadas de las mejores películas de ficción. No hacía falta hacerle muchas preguntas, ni siquiera hablar mucho. Él se lo conversaba todo. Con él llegamos hasta Puerto San Julián. Nuestra idea era intentar llegar a Comandante Luis Piedra Buena y aún era pronto, así que nos volvimos a colocar en la ruta.

Era un lugar bastante desolado, pero nos sentíamos seguros sabiendo que el pueblo de Puerto San Julián estaba bastante cerca. Unos minutos más tarde paró Julio. En su camión iban también dos chicos de Brasil, pero decidió pararnos a nosotros igualmente. Los chicos de Brasil venían viajando con él desde Bahía Blanca, un día y medio de viaje y tenían pensado ir hasta Río Gallegos (otro día más de viaje por lo menos). Éste ha sido el camionero más loco que nos ha parado, pero eso sí muy buena onda. Dentro del camión tenía instalada una pantalla de televisión donde venían viendo películas y series. Para que la luz diurna no molestase, Julio había tapado casi todo el parabrisas (excepto una parte por la que él podía ver la carretera) con unos paños oscuros.

el camión de Julio - viaje por la Ruta 3

Además, con un hornillo de gas y una pava que tenía entre los dos asientos, se calentaba el agua para poder ir tomando unos mates mientras tanto. Íbamos tomando mates y conversando, pasamos por la depresión más grande de Sudamérica, que se encuentra justo al costado de la Ruta 3 y Julio paró el camión para que pudiéramos tomar unas fotos. Pero eso sí, teníamos que bajar por el lado del conductor porque las puertas las tenía monitoreadas por satélite. “Si el jefe me pregunta, paré a hacer pis, así que bajen por este lado y no tarden más de cinco minutos” MUY buena onda.

Unos kilómetros más adelante, con Breaking Bad de fondo, paramos al costado de la carretera, en una zona alta. Desde ahí podíamos ver el puesto de control de peso que tiene la policía justo antes de Comandante Luis Piedra Buena. Estuvimos un rato viendo si estaban parando a los camiones, cual espías. Julio llevaba el camión más cargado delo que debía (no era cosa suya sino de los jefes) y no quería que le pusieran multa. Pero de todas formas tenía que pasar por ahí… Así que finalmente bajamos con el camión, nos bajamos los cuatro pasajeros extra de la cabina justo antes del control de peso. Al hacer eso, un gendarme con cara de muy mala uva se nos acercó a pedirnos los documentos. Todos estábamos tranquilos porque no teníamos nada que ocultar.

Unos metros más adelante, cuando Julio había terminado de pasar todos los controles, nos volvimos a subir al camión y continuamos camino. Más adelante nosotros llegamos a destino y nos despedimos de Julio y de los chicos brasileños. Antes de llegar ya sabíamos que en la Isla Pavón había un camping, así que fuimos directamente para allá. Aquí fue donde por primera vez desde que habíamos empezado a transitar la Ruta 3 tuvimos que pagar por alojarnos. Aun así, fue un acierto quedarnos ahí.

11. Comandante Luis Piedra Buena

La Isla Pavón es un auténtico oasis en el medio del desierto. Después de haber transitado durante kilómetros de estepa patagónica, gigante y un poco aburrida, llegar aquí te descoloca por completo. La isla se encuentra en el medio del Río Santa Cruz, que comienza en el Lago Argentino al lado de la cordillera, y a donde descarga su hielo el glaciar Perito Moreno. Mientras en la estepa patagónica predominaban los colores marrones y grises, aquí el verde de la vegetación y el azul turquesa del río lo inundaban todo. Mientras en la estepa patagónica la vegetación de más altura media unos 50 cm, aquí los árboles altos crecían por todos lados.

oasis en el desierto - viaje por la Ruta 3

Isla Pavón - viaje por la Ruta 3

A medida que íbamos bajando en el mapa a través de la Ruta 3, todos nos decían que el viento se ponía peor y peor. Y todas las veces nos pasaba lo mismo. Nos parecía que más abajo no podría ser peor de lo que ya lo era ahí. Pero obviamente nos equivocábamos.

Para llegar al pueblo teníamos que cruzar un puente, para atravesar el río Santa Cruz. Cuando íbamos cruzándolo, casi nos teníamos que agarrar de la barandilla porque el viento soplaba tan fuerte que no conseguíamos avanzar y nos daba miedo que nos tirase a la carretera. Dimos una vuelta por el pueblo, compramos algo de comida para preparar en el camping y cuando empezamos a pensar en volver, el viento comenzó a soplar muy fuerte. La tierra y las hojas empezaron a volar por los aires, llenando las calles y los locales, los árboles se tumbaban por la fuerza del viento. Casi no podíamos caminar, y teníamos que andar con los ojos cerrados. Tuvimos que tomarnos un taxi, el chófer nos contó que este tipo de viento aparece principalmente en la época de verano con el calor.

Al día siguiente nos preparamos para salir, ya nos quedaba poco para cruzar a Tierra del Fuego y por fin llegar a Ushuaia, uno de los puntos que más ganas teníamos de alcanzar.

12. Comandante Luis Piedra Buena – Río Grande (Tierra del Fuego)

Si hasta ahora nos había ido bien haciendo autostop, aquí batimos alguna clase de récord mundial seguro. Para salir de la Isla Pavón a dedo, teníamos que subir la cuesta que llega al puente y caminar un rato más hasta el comienzo del mismo para alcanzar el lugar que estaba bien para que alguien parase de forma segura. Estábamos en la primera parte del proceso, caminando por la cuesta, cuando de repente pasa un camión por el puente y se detiene en la mitad. Nos hace luces. E. y yo no entendemos si paró por nosotros. Tardamos un poco en reaccionar, pero cuando lo hacemos empezamos a correr hacia el camión con las mochilas y todo. E. abre la puerta y conversa con él. Yo vengo un poco por detrás, no soy tan rápida como él. E. me hace señas de que me apure. Parece que sí paró por nosotros.

Además, Diego va hasta Río Grande (en Tierra del Fuego),  y tiene que llegar en el día. Nos dice que si no nos importa esperar, que él nos lleva hasta allá, pero que antes tiene que detenerse en Río Gallegos para que le pongan un precinto al camión. Lleva lácteos y como la ruta cruza a la zona chilena, tienen que precintarlo y recién abrirlo cuando vuelva a entrar en territorio argentino. Es una medida de seguridad. Claro que a nosotros no nos importa. Estamos dispuestos a esperar lo que sea. Vamos a pasar a Tierra del Fuego y eso ya es un montonazo.

Después de la espera en Río Gallegos, hacemos unos kilómetros más y tenemos que atravesar la frontera chilena por primera vez. Es la primera vez que cruzo a Chile desde que me fui del país en abril del 2013. Escuchar de nuevo el acento me remueve un poco las entrañas. Estoy en Chile otra vez, aunque sea sólo por un ratito. Y no puedo dejar de pensar en mi amiga Pai que está lejos, pero en el mismo país. La extraño quizá un poco más que normalmente.

Una vez en territorio chileno, nos tocó otra parada técnica. Esta vez a cambiar neumáticos. Es común que los argentinos crucen a esta parte de Chile y aprovechen el viaje para cambiar los neumáticos, porque salen muchísimo más económicos que en Argentina.

Terminamos de cambiarlos y pronto llegamos a donde debemos cruzar el Estrecho de Magallanes. Yo he estado frente a él antes, hace bastante tiempo, pero E. no. Creo que de alguna manera es impactante estar ahí, sabiendo cuan al sur del planeta te encuentras. Y sabiendo que estás a punto de estarlo un poco más aún. Además de entender la carga histórica del lugar, es increíble pensar que hace 500 años cruzaran por aquí con unas pequeñas embarcaciones de madera y a vela. Estando frente al Estrecho y sentir en carne propia las condiciones climáticas que hay aquí, hace que entendamos más la odisea que vivieron Magallanes y sus marinos.

Cruzamos el estrecho con el camión. Paseamos por el barco y estuvimos un rato afuera, esperamos poder ver algún animal, pero hace un tiempo bastante malo y no se ve nada. Nos mojamos un poco y cuando tengo demasiado frío me vuelvo al camión. E. viene un ratito después. Es un trayecto de 30 minutos así que no da tiempo para mucho. Al acercarnos a la orilla de Tierra del Fuego, vemos que la rampa de salida está bastante estropeada. Quizá para los autos no sea una dificultad muy grande porque por su maniobravilidad y peso pueden esquivarlo. Pero nos damos cuenta que no va a ser lo mismo para el camión.

De todas formas no hay muchas opciones. El camión tiene que bajar de la barcaza, así que Diego acelera e intenta esquivar la parte dañada. Pero es imposible, el camión es demasiado ancho y se pincha una rueda de atrás. Por suerte, los camiones hoy en día tienen un sistema por el cual si hay una rueda pinchada comienza a bombear aire constantemente para mantener la presión. Así le da tiempo al conductor a ir hasta una gomería y arreglarla o cambiarla.

Anduvimos un rato de esta forma. Entramos en varios lugares pero no encontrábamos una gomería abierta que pudiera reparar el daño. Teníamos poco tiempo para llegar a Río Grande. Finalmente encontramos un lugar. Tuvimos que esperar una hora más o menos y ahí salimos. Íbamos con un poco de prisa porque Diego tenía que estar antes de las doce en el depósito para dejar la carga antes de que cerrase. Y aún nos quedaban unos cuantos kilómetros de ripio antes de volver a pasar la frontera. A pesar de todos los retrasos que habíamos tenido a lo largo del día, conseguimos llegar antes de las 12.

Diego desenganchó el remolque (donde va la carga), se dio una ducha y con la cabina del camión fuimos a la ciudad de Río Grande (todavía nos faltaban un par de kilómetros más para llegar). Nos llevó a un restaurante que él conocía para comer pizza y nos invitó. Mientras cenábamos, preocupado porque no teníamos alojamiento, empezó a preguntar al hombre que llevaba el local donde estábamos comiendo. Él, a su vez, empezó a preguntar al resto de la familia que se encontraba cenando en la mesa de al lado. Todos intentaron aportar su granito de arena y nos dieron indicaciones sobre cómo podíamos llegar a los distintos hostales que hay.

Entonces, Diego nos llevó con el camión a dar vueltas por la ciudad, siguiendo las instrucciones que nos habían dado para ver si conseguíamos dónde pasar la noche. E. se bajó en el primer lugar que encontramos pero estaba lleno, no tenían ni una cama libre. Unos metros más adelante se volvió a bajar a preguntar en otro alojamiento. Ahí sí tenían espacio y era un precio más o menos razonable -y teniendo en cuenta que ya eran como las dos de la mañana, casi cualquier lugar nos hubiera parecido bien.

Bajamos las mochilas del camión y nos despedimos de Diego. Nuevamente sin encontrar las palabras y sin saber cómo agradecer tanta ayuda.

Pasamos dos noches en Río Grande. La primera recuperándonos del viaje en camión y la siguiente intentando escribir y mejorar el blog, con ese sueño que aún sigue vigente de mantener los post al día (y que no estamos muy seguros de que en algún momento eso vaya a suceder en realidad, aunque lo seguimos intentando).

13. Río Grande – Ushuaia

Tardamos sólo media hora en parar el primer auto que nos llevaría desde Río Grande hasta Tolhuin, un pueblo que se encuentra a medio camino entre las dos ciudades.

Nos subimos al auto. Se notaba que el conductor era un hombre de campo. Y su acompañante era joven, pero igualmente se podía percibir que era de campo. Nos levantaron y no nos hicieron ni una sola pregunta. Normalmente cuando los conductores te dejan entrar en su vehículo, tienen curiosidad por saber quién eres, de dónde vienes, a dónde vas y algo de tu historia. A la vez, cuando ellos preguntan, es natural que uno también pregunte por la vida de ellos. Sin embargo, cuando te subes a un auto y no te preguntan nada, tampoco es fácil empezar uno a hacer preguntas para sacar conversación. Así que nos sentamos y fuimos callados casi todo el viaje. En algunos momentos el silencio se interrumpía porque ellos nos ofrecían gaseosa o nosotros les ofrecíamos unas galletas que llevábamos.

A medida que íbamos acercándonos más a Tolhuin, poco a poco la estepa patagónica se iba mezclando con algún árbol valiente que se atrevía a desafiar la sequía de la estepa.

Ambos suponíamos que después de no haber hablado nada, el señor nos dejaría en la entrada del pueblo y listo. Sin embargo, una vez más nos sorprenderíamos. Nos dijo que quería llevarnos a dar una vuelta por Tolhuin para que conociéramos. No era muy grande, pero el señor se tomó el tiempo de dar una vuelta con el coche por todo el pueblo y después nos dejó a la salida del mismo para que nos colocásemos de nuevo en la ruta.

La espera no fue demasiado larga. Casi media hora después de que nos dejaran a la salida de Tolhuin, Juan Manuel y Jessica detuvieron su auto. Venían desde Río Grande e iban hasta Ushuaia porque tenían que hacer algunos trámites. Una pareja joven, con muchas ganas de conversar y con mucha curiosidad por lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, sin miedo a hacernos preguntas. Vamos en el auto conversando tranquilamente y nos cuentan que para llegar a Ushuaia hay que atravesar el Paso Garibaldi. Porque Ushuaia es la única ciudad en Argentina que se encuentra al otro lado de la Cordillera de los Andes. Un rato más tarde estábamos ahí, desde donde había una vista increíble del Lago Escondido.

Paso Garibaldi en el viaje por la Ruta 3

A partir de aquí el verde volvió a invadir el paisaje sin un ápice de timidez. Lo cubrió todo. Las laderas de la Cordillera y los valles entre ella. Todo hasta las orillas del lago. Y después descubrimos un paisaje que no habíamos visto hasta el momento: los lupinos y las turberas. 

turbera en el Fin del Mundo

Y, por fin, después de 2688 kilómetros a dedo, de muchos vehículos, personas lindas, llegamos a la ciudad de Ushuaia. La ciudad más austral del planeta y por eso conocida como el Fin del Mundo.

Llegamos a Ushuaia - Final del viaje por la Ruta 3

Después de bajar y sacarnos unas fotos, Jessica y Juan Manuel nos llevaron hasta la puerta de la casa de L. (que quedaba bastante fuera de su recorrido).

Y unas tres semanas después de haber llegado hasta la ciudad de Ushuaia alcanzamos el final de la Ruta 3. Pero esa ya es otra historia…

Fin del Mundo - Fin del viaje por la Ruta 3

Si tienes ganas de realizar este viaje tú también te recomendamos que leas la guía práctica de la Ruta 3 argentina que hemos preparado para que puedas recorrerla a dedo sin dificultades.