WorkAway en Isla de Pascua: ¿explotación laboral o experiencia enriquecedora?
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Hace un tiempo te contamos qué es el WorkAway, cómo funciona y cómo fue nuestra primera experiencia WorkAway en Sierra de Rocha. Hoy, en el mundo de pe a pa te contamos la otra cara de la moneda. El WorkAway en Isla de Pascua nos dejó sensaciones encontradas.

Cuando decidimos quedarnos 3 semanas en Rapa Nui pensamos que sería una buena opción hacer un WorkAway. Por los dos motivos por los que nos encanta hacer este tipo de trueque. Porque por un lado nos permite ponernos en contacto con la gente que vive el lugar y aprender de ellos. Y, por otro, ahorrarnos una buena cantidad de dinero en alojamiento.

Sin embargo, este WorkAway en Isla de Pascua fue todo un misterio. ¿Será que todo en la Isla es misterio? Nos preguntamos una y otra vez si fue explotación laboral o una experiencia enriquecedora.

Nosotros te ofrecemos los hechos, tú saca las conclusiones.

1. Explotación en el WorkAway en Isla de Pascua

No sé si será que nuestra primera experiencia WorkAway fue tan excelente, que llegar acá fue un balde de agua fría en la cabeza.

Uno no espera que, cuando va a trabajar en un campo, lo alojen en un hotel cinco estrellas. No somos ingenuos, sabemos que eso no funciona así, que no sólo es imposible, sino ilógico. Ahora bien, de un hotel cinco estrellas a una pocilga de mala muerte hay un buen trecho.

Vista exterior del Pae-Pae, WorkAway en Isla de Pascua

Vista exterior del Pae-Pae

El mismo día que llegamos nosotros, llegó también una chica francesa, Elodie. Al llegar a la casa, nos recibió D., la dueña de casa y la responsable del campo, que estaba con sus dos hijas. Hablamos un poco, le hicimos algunas consultas sobre el funcionamiento del trabajo y las condiciones que tendríamos en el WorkAway. Serían 5 horas de trabajo cada día, durante 5 días a la semana. Esos días tendríamos la comida del mediodía incluida, pero el fin de semana nos teníamos que arreglar por nuestra cuenta. Nos comentó también que si queríamos, podíamos recolectar del campo verduras, frutas y hortalizas para comer nosotros.

1.1 Alojamiento

Bajamos al pae-pae, el lugar que sería nuestro hogar las siguientes 3 semanas y casi nos da un mal. Estaba todo increíblemente sucio, dentro de las habitaciones crecía el pasto, había tierra y telas de araña por todas partes. Las cucarachas campaban a sus anchas.

Además, había dos gatos de los que nos teníamos que hacer cargo, que después nos daríamos cuenta que estaban plagados de pulgas, haciendo que los sofás también lo estuvieran. Así, estuvimos mucho tiempo de esas tres semanas con picaduras de pulga por todos lados, especialmente en el trasero (parte del cuerpo que apoyábamos con mayor frecuencia en los sofás).

1.2 Trabajo

El trabajo en el campo no era muy difícil, pero tampoco nada motivante. El anuncio del WorkAway era “aprende a cultivar tus propias verduras”. La realidad es que en las casi 3 semanas que estuvimos ahí, no aprendí nada. No sólo nos mandaban únicamente a desmalezar todo el rato sino que no se tomaban el tiempo de explicarte nada, el porqué o para qué lo estabas haciendo. Todo era rápido, para ayer, y de malas maneras.

Uno de los caminos de los campos de trabajo, WorkAway en Isla de Pascua

Uno de los caminos de los campos de trabajo

1.3 Comida

Las comidas al mediodía, después de haber trabajado durante 5 horas bajo el sol de la isla, eran más que insuficientes casi todos los días.

El día más ridículo fue cuando nos dieron una rodaja fina de carne, medio choclo y una rodaja de calabaza flotando en un poco de caldo. Está bien, como decía antes, tampoco es que uno espera una comida gourmet. Pero al menos un buen plato de pasta o de lentejas para almorzar como recompensa después de cinco horas de trabajo, qué menos. Algo con lo que llenar el estómago.

Tal era la escasez de comida, que la mayor parte de los días volvíamos al pae-pae y nos cocinábamos algo para poder pasar el resto de la tarde.

1.4 Intercambio cultural y de conocimientos

A todo esto a D. a dueña de casa la vimos 3 veces contadas en las que intercambiamos cuatro palabras. ¿Compartir? ¿Aprender? ¿Intercambio cultural? Mentiras. Nosotros éramos unos simples trabajadores gratuitos. Que colaboramos a llenar sus bolsillos.

2. Experiencias únicas del WorkAway en Isla de Pascua

Estar en la isla ya de por sí es todo una experiencia. Ser consciente del lugar donde te encuentras en el globo es una sensación inexplicable. Pero ahora vamos al ajo, al WorkAway y las experiencias que vivimos allí.

2.1 Los voluntarios

WorkAway en Isla de Pascua con los demás voluntarios

(de izq. a dcha.) Maite, Elodie, Ino, Erlantz y Amos cenando

Durante casi 3 semanas convivimos con Elisapeta (una chica mitad de Samoa mitad de Toke Lau), casada con Amos (Nueva Zelanda) y nosotros. Además, estuvieron Elodie (francesa) que se quedó más de una semana, Guangyen (china) que estuvo unos días, Ino (el filipino) y Sophie (la alemana más joven). Todos fueron aportando su granito de arena para hacer que esos días fueran inolvidables.

Gracias a ellos y a las conversaciones que teníamos mientras desmalezábamos, conseguimos sobrellevar el WorkAway sin demasiado sufrimiento.

2.2 Las mascotas

En el pae-pae teníamos mascotas. Algunas obligadas, como las dos gatas que eran de D. pero que cuidábamos nosotros. Una de ellas, la pequeñita Solenoide, la gata más hermosa del Universo, me robó el corazón para siempre. Aunque no se llamaba Solenoide, sino Sombolais. Pero como nadie nunca se aprendió su nombre, la rebautizamos.

Y nuestra otra mascota adoptada que fue Tupaca, la perra omnipresente en nuestras vidas pascuenses. Que tampoco se llamaba Tupaca, sino Taringa.

2.3 Las conversaciones

En poco tiempo se terminaron las conversaciones clásicas del inicio entre viajeros: de dónde eres, a dónde vas, cuánto tiempo estarás aquí, qué hacías en tu vida antes de viajar, etc. Y entonces empezó lo bueno.

Porque ahí empezamos a conversar de cosas tan variadas como la religión, lo distinta que es la cultura de la gente en Samoa, lo similar que es Samoa (o Toke Lau) a la Isla de Pascua, los distintos idiomas, la vida como profe de inglés en Francia, o como paisajista en China.

Hablamos sobre el dengue que podía tener Sophie y sus pocas ganas de ir al médico. Y nos bañamos en anti-mosquitos para no contagiarnos de su posible dengue, que al final resultó sólo una gripe normal y un poco de paranoia nuestra.

También comentamos sobre las condiciones pésimas de trabajo. Sobre el loco capataz y su perro que tenía el ladrido más insoportable. Sobre la escasa comida y todo lo que nos encanta comer a todos.

Y sobre el lujo de ir a tomar un refresco al Explora (un hotel de lujo) después de un día duro de trabajo rompiéndonos en lomo en el campo.

Espectáculo de música tradicional en el Hotel Explora, WorkAway en Isla de Pascua

Espectáculo de música tradicional en el Hotel Explora

Y vimos películas en inglés. Escuchamos música en Samoano. También aprendí a contar hasta diez en Rapa Nui, en Samoano y Toke Lau (son terriblemente parecidos). Hablamos mucho sobre el euskera, sobre el País Vasco y sus particularidades. Aprendimos sobre música andina de manos de un neozelandés que vivió un tiempo en Brasil.

2.4 Las comidas

Y en nuestro hogar, el pae-pae, se cocinaban cosas ricas. Lentejas, french toast, arroz polinésico y ensaladas. Se cocinaba pasta con verduras salteadas y postres de plátanos maduros (sacados de las plataneras que estaban en casa). Se cocinaba cualquier cosa, pero comíamos siempre compartiendo. Eso era siempre lo mejor del día. 

3. ¿Conclusiones?

Haciendo memoria, me di cuenta que en Sierra de Rocha, a diferencia de este WorkAway en Isla de Pascua, teníamos muchas menos obligaciones y muchos más derechos. Me di cuenta también que, por ende, cada tarea la realizaba con muchas más ganas y motivación. Que muchas veces nos excedíamos de las horas de trabajo, para realizar otras actividades en la casa, de ayuda con los niños, preparar comidas, lavar los platos. Y todo esto porque nos sentíamos cómodos, porque nos hacían sentir parte de su proyecto.

Sin embargo, en la isla de Pascua, muchos días no dimos el 100% porque no nos daba la gana. No hicimos ninguna de las tareas muy motivados ni con la sensación de que hacíamos algo bueno. Ningún día nos excedimos de nuestras obligaciones, ni trabajamos un minuto de más. Porque sentimos que se aprovechaban de nosotros.

Pero gracias a este voluntariado conocimos a gente increíble, aprendimos mucho y pudimos estar en Isla de Pascua ¡3 semanas enteras!

Y afortunadamente la memoria es agradecida y tendemos a recordar sólo lo bueno…

 

Y hasta aquí nuestra experiencia haciendo un WorkAway en Isla de Pascua.

¿Qué crees que fue finalmente, explotación laboral o experiencia enriquecedora?

Y tú, ¿Has hecho algún WorkAway donde te sintieras explotado? ¿Cómo terminó siendo la experiencia?

¡Cuéntanoslo en los comentarios!